RAMÓN PERALTA
México, 1972. Poeta y ensayista. Es director de Ediciones Invisible y codirector de la revista de poesía Oráculo. Tiene publicados los poemarios: Diáfanas espigas (FETA, 2003) y Fotosíntesis (Ediciones Invisible, 2006). Ha sido traducido al francés y al portugués.
Escenitas de amor o como usted quiera llamarle
I never, never want to go home
Morrissey
Nos cuidamos de las curvas, de la interferencia en la radio, de los barrancos y las piedras, de las luces que iluminan la mitad de tu rostro cuando tocas, y toco tus labios, y los dejo húmedos. Respiro hondo, hondo el amor, parece un barranco, y me pesa que te quiero tanto, tanto, tanto. No quiero ver a la gente, no quiero ver esas luces. Esta ciudad nos espera con las tijeras atrás de la espalda, bien afiladas para lo que se venga. Entonces me tomas del rostro prestado, dices que todo es tuyo, que la música te espera, y desde mi piel se extiende tu reino. Yo, me dejo mecer en un auto de fe y anuncios luminosos.
Qué detiene tu mano, qué puede detener tu mano, si toca el dolor, si toca tu brazo y pulimos un hélice, y está filoso, y corta esta noche, y nos arriesgamos a la sombra de una fila de árboles. Me dices no me vengas con poemas, porque teníamos todo tan perdido. Ahora, creo que por eso nos mirábamos a los ojos, se nos entraban de llanto. Mantenías una mano sobre mi rodilla, le bajaste a la radio, en mi mente reíamos, luego otro anuncio de curva, más rápido, tenía escurrido el delineador, entonces me dijiste……. no me importa, y yo me hice lágrimas en tu hombro.
Más tarde se nos revelaron en el parabrisas todas las cosas, no teníamos mucho por hacer, el mundo estaba satisfecho, me resbalaba con violencia por la portezuela. A veces pienso en ti, contigo hasta una roca. Me gusta verte con tus manos veloces al aire. A veces, créeme, no te olvido, y a esa distancia, con la mirada de los santos, algo me disparó en la cara.
Datos técnicos de: Los hombres vestidos de trueno
Nosotros pintamos las líneas de la portería con nuestras playeras blancas, jugamos todos los tiros, somos los casi gordos; no le tenemos miedo al tiempo, ni miedo al portero en el penalti y sabemos cerrar los ojos. Nosotros somos los hijos necios que patean los balones en los supermercados y los niños nos miran. Nosotros somos los arrebatados y nuestras piernas valen oro. Conocemos el cigarro y la cerveza fría, pero nunca faltamos a un entrenamiento y descansamos de los comentarios de fin de semana. Nosotros cantamos y cantamos y cantamos y tenemos a la mejor estrella del fútbol, pero eso nadie los sabe. A nosotros nos ven entrar al campo y se crea el silencio porque nos ven viejos y peleamos las esquinas. Nosotros no somos los primeros, somos los once. Nosotros construimos la cancha en cualquier parte. Nosotros no compramos zapatillas especiales. No tenemos entrenador, pero sabemos como jugar en un partido internacional. Nosotros, los de la vida rota en el trabajo, sudamos hasta la risa. Poco sabemos de pegarle a un balón con el empeine y meterlo en la portería contraría; pero cuando metemos gol gritamos, nos abrazamos, nos vamos brincando y luego recordamos que hemos sido los últimos, los sofocados cada 20 minutos.