Angel López
(Guatemala, 1976)
45 MINUTOS ¹
Nunca me ha gustado el foot ball, esa estéril alienación que padecen los engendros de esta patética rutina llamada sociedad, en cierta ocasión le pregunté a un amigo por qué ese deporte era tan popular - simple - respondió - no necesitas pensar para comprenderlo - pero aquel día era distinto, de todas formas no jugué, pues no tengo la más mínima noción de las reglas de dicho deporte, me quedé entre el público, oprimiendo mi cuchillo con todas las fuerzas de mi rabia, atento por si éramos copados por el enemigo, los de la prensa nos observaban desde la distancia, incapaces de entrar, el humo lentamente nublaba la lejanía y el partido apenas comenzaba, los del sector 13 contra los del sector 18, yo era de los del 18, los goles se fueron sucediendo uno tras otro; el pulgoso era un bastardo, siempre estaba sacándonos la poca plata que nos entraban, si alguna prenda le gustaba la tomaba, llegando a dejar a algunos desnudos a inmediación del frío de la noche...
Y estaba yo allí, rodeado de todas aquellas gentes millonarias, todos hablándome y preguntándome acerca de tantos autores, acerca de tantos libros, acerca del mundo que más me atrae, repartieron los vinos y una vez en la calle ellos siguieron en su mundo y yo a contar las escuálidas monedas de mi bolsillo para ajustar lo del bus, la gente quiere saber de qué hablan los escritores no de qué viven, ya subido en él, rodeado de gentes que nada sabían de literatura y menos querían saber, que venían pensando en cuánto se habían matado trabajando, cuánto habían tenido que suplicar una moneda, otros, los más, cuánto habían tenido que correr luego de haber asaltado a algún transeúnte, en una derruida y penumbrosa estación subieron tres tipos, que olían peor de lo que se veían, pasadas dos cuadras había un reten de policía - levántese la t-shirt - me dijeron nada más bajar del bus y mientras me apilaba junto a los otros, para que nos revisaran hasta la sombra, a fin de que en ella no escondiéramos alguna sustancia ilícita o algún texto subversivo, maldije la hora en que me había tatuado el logo de parental advisory, explicit histories en el brazo derecho, desde hacía un tiempo las pandillas se habían multiplicado por la ciudad, eran incontrolables para las autoridades, por lo que hacían estos seudo-operativos, en los que arrestaban a quien podían, preferiblemente si tenía tatuajes, en los periódicos salían titulares anunciando el avance en contra de la plaga de la delincuencia juvenil, enumerando la enorme cantidad de arrestos efectuados, mientras los pandilleros libremente utilizaban las páginas de esos mismos diarios para envolver los cadáveres que iban abandonando en barrancos y carreteras...
Esa misma noche conocí a ese maldito, al entrar en la celda, más bien cuando me tiraron dentro, llegó unos minutos más tarde, pues por una extraña razón, que tiempo después comprendí, tenía acceso a todas las celdas, los agentes le obedecían aun más que al director del presidio, me quitó todo cuanto de valor cargaba, incluyendo los zapatos, al protestar, sus secuaces me dieron una golpiza con la que mi rostro quedó irreconocible y mi cuerpo triturado, eso lo hacían constantemente con todos los reos que no pertenecían a su grupo, quienes se le oponían o amenazaban su poder amanecían ahorcados con alambre de púas, sin que nadie dijera nada, el pulgoso estaba por violación, asesinato, secuestro y asalto de bancos, no resta decir que cumplía cadena perpetua, el tiempo corrió y yo allí, investigaban hasta el último resquicio de mi vida y dado que el oficio de escritor por estos lares no era considerado oficio la situación se volvía compleja, con lo que se alargó el proceso, hasta esa tarde, en que estaba disfrutando del partido, que por cierto no dejaba de tener algún sabor a venganza
el needle era el mejor, ya había metido 4 goles, era de los contrarios, nosotros apenas llevábamos 3 goles, mientras que el blue, otro que era bueno, también había metido 2 a su favor, la misma cantidad había anotado el killer, a estas alturas el encuentro se tornaba más que reñido, pues con esa diferencia de goles era casi imposible que los pudiéramos alcanzar, el spoon se tomó la delantera por la izquierda, atacó de contragolpe a uno de los nuestros, corrió con furia hacia la portería y ¡¡¡goooooooool!!! ¡gol! ¡gol! ¡gol!, 5 mil rostros cubiertos por pasamontañas o trapos viejos, todos gritando al unísono, elevando sus ensangrentados cuchillos, oxidados tubos y más de una M-16, incautada a los guardias, la cabeza del pulgoso fue atravesando como en cámara lenta el arco de nuestro sector por 9na vez, ese fue el último gol de la tarde
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¹ inspirado en hechos reales acaecidos el 23 de Diciembre de 2002, en el sector Alaska ("La hielera") del centro penal Pavoncito.