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Aquarela Padilla . Nace en la ciudad de Caracas en 1988. Estudió en el conservatorio de música Vicente Emilio Sojo. Realizó taller de fotografía en la Escuela Cristóbal Rojas. En el 2004 quedó seleccionada como ganadora del concurso Monteávila Editores mención poesía. Finalista en el XIX Concurso Nacional de Poesía para liceístas 2004. Bachiller en Humanidades. Ha publicado el poemario Acordes del Mañana (Premio Nacional Cada Día un Libro/Ministerio de la Cultura/2005) |
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El Gran Mordisco
Ir a comerme una manzana con Eva y plantarme indecente, poco refinada, frente a su cuerpo marino, rondarle su cabellera líquida y azul, rescatarla de ese viejo egoísta que se hace llamar todopoderoso. Sentarnos toda la tarde a comer manzanas, las más rojas, las más blandas y jugosas manzanas del supuesto pecado; comilonas, acostarnos frente al sol y celebrar la fiesta rebelde, de seguro Adán andará buscando hojas para taparse la desnudez, tan cobarde como siempre. Hablar en otro idioma nunca impuesto, quizás como los pájaros, como los peces o culebras, un idioma vegetal como esta tarde. Sacarle la lengua al mundo y reírnos eternamente, danzando como lluvia, empapando todo lo que sabe a flores. Plantarle otro árbol a la noche para que venga a recoger sus lunas redondas como naranjas. Las monjas arrugadas, tediosas, todas despavoridas huyendo de los conventos, gritando el fin del mundo ¡Eva planta árboles prohibidos con otra mujer desnuda! Adán se tapa los ojos, ¡Qué horror! El Papa seguro morirá de un infarto. No verá la rebelión desnuda y sin costilla de Adán. Eva y yo, descalzas entre las líneas de un libro bien aburrido, decidimos escapar con la mochila cargada de manzanas, para todas las Evas que esperan ansiosas el gran mordisco jugoso de la libertad. Amén.
Sin Contemplaciones / o de la esperanza
Generación amnésica La tele nos enseñó cómo hacer el amor Cuánto debía medir un cuerpo para ser deseado
Con nosotros hicieron el experimento vivo de los Pin y Pon Convirtieron el amor en cursis corazoncitos de chocolate Nos prohibieron odiar porque era malo Crecimos creyendo que la vida es una pantalla gigante Una vidriera sin ofertas Realmente nos comimos el cuento de la cajita feliz
Patética generación de mamis y reclutas Hemos visto tanta película gringa que ya no nos conmueve la muerte Ayer un soldado inglés destrozaba un niño a patadas No hubo game over nadie lo lamentó
Nuestros dioses ya no son de lluvia Son representaciones móviles de la estupidez El vacío nos da forma en cada paso que damos hacia la muerte absurda Generación que nunca supo qué era verdaderamente estar vivo
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