Vanessa Martínez   Nació en lima en febrero de 1979. Estudió en la Escuela de Arte Dramático (La Libertad) y en 4 Tablas, de Lima. Comenzó a escribir en silencio, en Trujillo, ciudad donde radicó gran parte de su vida. Escribía secretamente; hasta que cuando tenía 17 años, el periodista Nivardo Córdova sustrae de uno de sus cuadernos sus poemas y empieza a publicar notas sobre ella desde el anonimato. Después publica dos plaquetas de poesía: Poemas del olvido y Amencia nata , gracias a Tomás Ruiz y a los dibujos de Oscar Alarcón. Posteriormente aparece en una compilación de poetas del norte, preparada por David Novoa; desde entonces participa en casi todos los festivales de la Alianza Francesa de Trujillo, en el ciclo de Poetas al Ataque. Estuvo en el taller de poesía del poeta piurano Alberto Alarcón. Ha residido en Cajamarca, Lima, Santiago de Chile, ahora de nuevo en Lima. La hija del carnicero es su viejo primer poemario. vanessalibre@hotmail.com
 
     
     
 

La hija

del Carnicero

(Fragmentos)

 

 

 

 

Una infanta disfrazada de realidad,

corre a través de paisajes etéreos,

tal vez porque es libre,

tal vez porque está huyendo.

 

los juguetes

-eróticos fetiches-

la esperan en casa

para derrocharse

y pernoctar en su tiempo infantil,

que se alimenta

de un sueño perverso.

 

¿entonces

de qué se avivan los sueños,

de alguien que sueña con ser nada?

 

la realidad es ella

y

ella

no existe :

 

se reinventa.

 

 

 

La hija del Carnicero

 

 

No he podido profesar,

la luminaria y el silencio cómodo

de habitar feliz

y emplacebada en este piso machihembrado a pata calata,

he caminado como ganadora del Nóbel,

directo a la cocina,

donde tantas veces te guisé besos y

pedazos de senos.

 

no he dejado de sonreír

y apoyándome tambaleante

he visualizado tu magnífica fisonomía,

he localizado con mí índice trotamundos

en este atlas de cuerpo moldeado por ti,

el ancladero donde quisquillan efervescentes insectos.

 

y justo allí donde hallo el vértigo de tu amor,

me he estacionado,

he abierto la gaveta

y me he clavado el cuchillo,

para no olvidarme de esto.

 

 

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El sol muere y

casi siempre los

hematomas del amor

duelen en el alma.

 

la carne no se hizo para

nuestros demonios.

 

 

 

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Vuela sin mirar

la cera derretida de tus alas.

 

hoy,

yo pegare tus plumas,

ignorante Ícaro.