La Amada del Viejo

Santiago Honorato. Chile.

 
     
     
 

Por fin el viejo había terminado el viaje. En el último trayecto del camino solo había hecho dos paradas, una para lamentarse, y otra para arrepentirse, pero ya estaba en el lugar de su amada, y no podía retractarse. Ella siempre se había movido con cautela, intentando no levantar sospecha de su presencia. Pero ahora estaba ahí, mirando al viejo directo a los ojos. Y el hombre cae de espaldas, muerto de felicidad de encontrar una compañía después de su largo y solitario camino. La muerte, su amada, estaría con el hasta el fin de los tiempos.