Paolo Mario Astorga Requena (Lima-Perú, 1987). Es estudiante de Literatura y Lengua Española de la Universidad Nacional de Educación "Enrique Guzmán y Valle" - La Cantuta. Es Director y editor de la revista digital de creación literaria Remolinos (http://es.geocities.com/revista_remolinos). Ha publicado su primer libro de poesía Anatomía de un vacío (editorial electrónica Lulú 2006). Ha editado vía web la I antología digital de poesía " La Voz del Mundo " (2006) y la II Antología digital de poesía “ Una voz en el abismo ” (2007) las cuales reúnen en su conjunto a más de 50 poetas de diferentes lugares del planeta.

 

 
     
     
 

PUCCA (FUN LOVE)  

Cenizas en mi boca derraman la tristeza de mi polo
una foto en el poste y mi voz como danza rota
escondida en un cadáver a la moda.

Vacía estás como el abismo que se oculta en el sudor de tus manos
quemadas por la indiferencia de aquellos ojos desconocidos
donde no se puede llorar porque está prohibido mientras bailas
en esta discoteca.
Y deseas los bailes cortados con cuchillas eléctricas
mientras arrancan tu voz que grita en el silencio de un baño maloliente
perdidas lágrimas arañando tu cuerpo
perdidas entre la multitud de cadáveres improvisados llenos de sudor
mientras sus rostros desaparecen en un mar de eructos cerveceros
y disparos al aire.

Sonríe. Y detrás de ti
diluye las miradas en tu cara blanca y en tu piel garabateada
por las mismas sombras de donde escapas
y te mueves haciendo sueños
como un niño que hace una burbuja
y llora al estallar. Sonríe, porque tus dientes prueban el piso
mientras te mueves sin compasión
por la soledad de algún espejo, por las calles arremolinadas a un perfume
desasido por las formas que te invaden,
cuando de pronto te das cuenta
que tú también sientes frío
y que tus manos
están llenas de lágrimas rojas,
mientras te vuelves a convencer
que es tu sangre

tu sangre.

 


ANATOMÍA DE UN VACÍO

Una chica me mira y está parada en medio de la calle.
Soy el único que se ha salvado de besarla
soy el único
que no se atreve a ver sus cabellos y silbar su sombra.

Una palabra rueda por los charcos de mi estómago
y la chica parada en medio de la calle
no se mueve y me mira.

Los gatos se le acercan con guitarras eléctricas a cantarle una balada.

Un perro le tira un hueso hasta sus piernas.

Un hombre le ha tomado una fotografía.

Soy el único que la mira y no le silba al cuello.

Soy el único que no vuela entre sus ojos,
sólo salgo de la escena corriendo en círculos
buscando mi alma entre las piedras
antes de morir
antes de morder el anzuelo
y enterrar la garza amada de mi vientre,
esperar a la luna anciana otra vez abriendo su pecho interminable.

La chica ha muerto me dice un ciego tocándome el bolsillo.

Yo orgulloso corro a perseguirla

Escarbo sobre una pared su efímero perfume
y sólo humo
sólo barro y cemento
me muestran su cuerpo,
el que nunca deseé como ahora.