Poema que vocifera uno de los personajes de la obra de teatro "Los cisnes mueren sin cantar", del escritor Joaquín Trujillo, Chile.
Soy el mejor amigo de los animales.
Hasta los más bravos perros
me mueven el rabo,
y los gatos lejanos se duermen
sobre mi falda negra de hormigas.
Llevo mi cabeza tocada
por un laurel de mariposas
y los caballos en los hipódromos
corren a verme y me besan.
Lagartijas salen a mi encuentro
y la boa me defiende
con el muro de su brazo.
Luciérnagas y murciélagos
durante el pleno día
aparecen si es que yo aparezco,
como también las golondrinas
siempre vuelven hacia mi.
Las garzas más esquivas
y los pudúes recelosos
se me aproximan sin pudor,
y los buitres me ofrendan
todas las carroñas del suelo.
Siempre voy con la caravana
de los nobles animales:
Entre legiones de flamencos,
y una corte de faisanes;
bajo el vuelo de las águilas,
sobre una alfombra de coleópteros
y con el aire enrarecido
por el zumbido del enjambre.
Soy el mejor amigo
de todos los animales,
pero entre todos ellos
uno hay a quien no encuentro.
De que sí existe he sabido
por el secretos de las lombrices
y el viaje de las ballenas.
Sé que de mi no sabe,
ni nada quisiera él saber.
Quizá por huraño y esquivo
ningún animal ni hombre lo ve.
Lobo arisco entre ariscos lobos
este amigo aun no ha sido
y yo muero por saber quien es,
y yo quiero verlo conmigo.
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