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Expuse en la cruz a mi nueva mujer (te expuse en mi cruz nueva Eugenio ¡hombre!)...Cavé con mi propio hombre y lo dejé enterrado en los fondos (haber cavado contigo, haberte enterrado a ti)...Después de chuparle el cuello a las vacas para que estuvieran más relajadas, me adormecí el hocico en una llama (¡este hocico!!!!!!!! ¡Jajajaja!). Por imitar mal al pez comensal del tiburón, ¡por querer comer legañas!, le pasé a llevar los párpados a los felinos menos furiosos (en mi vida me he equivocado con un tigre Eugenio vergara) así que ahora se les ven los ojos más grandes.
Las personas que dicen que yo no soy atroz (dicho a la distancia, como si nos estuviéramos yendo en barco: ¡tú eres sobre todo persona Eugenio!), tienen una buena idea sobre la lluvia, sobre el relámpago y el trueno. Ven mi legra mojándose en los inviernos regalados y ¡ya no compadecen!, dicen (y mi voz de aquí en adelante vase repitiendo con megáfono) sanado, amado, felicitado (sueltan mis manos el megáfono, un solo rasgueo de guitarra, y que la corneta supere en altura a todas mis oraciones), ¡por las lluvias elegido! (¡ciudadanos del mundo! , los palos se parten con las manos, las aguas son muy bebidas, los ríos muy tragados, las escaleras muy viajadas, y las flores, ay, no quisiera hablar realmente de esto, las flores nos dan mucha vergüenza). Cuando fueron a pedirme permiso para hablar así de mí, me abandoné en relatos gloriosos, ellos prácticamente eran los protagonistas, les dije que los pensaba cuales gotas que se habían desprendido de alguna nube del Himalaya y que por ventaja de los vientos con los que hago negocios (lo único que me exigen es que sople a veces en su misma dirección, esto es muy común en mi familia, mi abuelo por ejemplo, tenía con el mar un copioso contrato de escupos, mi sobrina se obligó con el durmiente a andar descalza y en puntillas de pie, a cambio de la vociferación de su sueño electrizante) lograban caerme justo en la boca.
Puede que mi boca ya esté ocupada, y que sus ambos bordes hayan necesitado comprimirse, pero mis ojos todavía no se revuelven en párpados Eugenio vergara, son las dos de la mañana y no me pienso en dormir, no transpirarán conmigo los ángeles del sueño. Es natural que después de tu abrazo pujante presente a la luz humana unos ojos más chiquititos, aunque igualmente abiertos. Como el búho, yo llevo mi esperanza en los ojos.
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