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Eligio García y la narrativa urbana Margarita Sorock |
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I. Introducción Cuando tenía ocho o nueve años Eligio García recuerda: ...el profesor de castellano me preguntó si teniendo yo un hermano que escribía (ya había publicado La hojarasca ), a mí también me gustaba escribir. No se me olvida lo que contesté, clarito le dije: “No, señor, porque a mí no me gusta decir mentiras” (Galvis 261). Y nunca las dijo. En la narrativa de Eligio García no sabemos con seguridad dónde termina la verdad y dónde comienza la ficción. O viceversa. Y el problema no es con la narrativa. Es con las categorías que le imponemos para entenderla y clasificarla. Eligio García eludía esas distinciones, buscando para expresarse precisamente ese espacio entre lo fáctico y lo ficcional, lo real y lo inventado, el periodismo y la literatura. ¿Cómo es, entonces, que Eligio García se convirtió en escritor con esos dudosos comienzos que auguraban mal para semejante oficio? Esta investigación procura responder a esa pregunta, llegando a compartir con Eligio la sabia e irrefutable conclusión que “uno es lo que iba a ser” (255). La narrativa urbana cultivada por Eligio García empieza a mostrarse en Colombia a finales de los 1960 y comienzos de los 1970. Es un fenómeno posboom y Eligio García es uno de los primeros cuya obra renueva la narrativa colombiana. Su novela y cuentos están situados en Cartagena de Indias, claramente identificada y nombrada. No se trata de la “Cartagena feudal y decadente, viviendo la gloria de otros días” (García, Para matar el tiempo 68). Las historias que narra son historias personales; historias con “h” minúscula. Y Eligio García es, empleando la palabras de Honorato de Balzac, “el historiador privado” de la nación (Edwards). Los personajes—el joven que muere en un accidente y su novia adolorida, el boxeador, el beisbolista, la mujer adicta al juego—son la materia prima de los cuentos. Los adolescentes en el umbral de la independencia, matando el tiempo a diario, son los protagonistas de la novela. Estos nuevos narradores, tanto en Colombia como en el resto de América Latina, sitúan sus obras en la ciudad. En Colombia esta iniciativa viene de los escritores de la provincia quienes son los principales responsables de la renovación literaria. Pero no sólo son de la provincia; son de los estratos sociales medianos y bajos. Diferentes aspectos de la cultura popular—el deporte, la música, los trabajos marginales, para mencionar unos pocos ejemplos—han sido incorporados por ellos en la cultura literaria con el uso de un lenguaje que refleja la tradición oral (Chang-Rodríguez y Filer 504-05). Narran experiencias de una realidad limitada en el tiempo y el espacio, dando testimonio de la fragmentación y complejidad de la vida moderna. II. Colombia urbana Si desde su independencia y hasta mediados del siglo veinte Colombia fue un país de regiones, también fue, y es, un país de ciudades. A diferencia de muchos países de América Latina, Colombia tiene cuatro ciudades grandes y más de dos docenas de ciudades intermedias, a pesar de que la urbanización en Colombia ha sido “explosiva, imprevista y violenta” (Abello y Giaimo vii). Los escritores del boom de la literatura latinoamericana, y Gabriel García Márquez en particular, todavía conocían un país en que predominaba la población rural. Para Eligio Gabriel, el menor de sus hermanos, la vida es urbana. Sólo veinte años los separan (Galvis 259-60). Aunque el crecimiento urbano se veía en toda América Latina, en Colombia la fecha divisoria de la historia del siglo veinte es el 9 de abril de 1948, el Bogotazo, cuando el candidato a la presidencia Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado. El país, que venía sufriendo una violencia partidista en las aldeas y los campos desde 1946, se convulsionó por completo, desatando recriminaciones políticas durante diez años que dejaron un saldo de unos 300.000 muertos en una guerra no declarada (Williams y Guerrieri 12). El éxodo del campo fue una de las consecuencias del Bogotazo. En una entrevista en París en los ‘80, Eligio García dijo que después del 9 de abril de 1948 “nuestros padres cambiaron la violencia del campo por la violencia y miseria de las ciudades” (Gilard, 61). Aunque la costa atlántica sufrió la violencia en una escala menor que el interior del país, gente del campo buscaba refugio y seguridad en las ciudades tanto costeñas como andinas. Tomando como ejemplo la ciudad caribeña de Cartagena de Indias, donde Eligio García fue criado y donde sitúa su novela y sus cuentos, se ve un crecimiento dramático en la población en la segunda mitad del siglo veinte. En 1951 la ciudad tenía 128.000 habitantes, en 1999, unos 800.000 (Abello y Giaimo 178). Pero las cifras se vuelven más dramáticas todavía enfocando la década de los 1960. En 1969 Cartagena tenía unos 300.000 habitantes, cifra que representa un aumento de 60.000 personas en el quinquenio 1964-69 (Cortés 7). Además, casi el 75 por ciento de la población era del estrato de escasos recursos (Abello y Giaimo 165). Para finales de los 1960 la demografía del país había cambiado y, por primera vez, predominaba la población urbana. Este crecimiento urbano y despoblamiento del campo es una tendencia que continúa hasta el presente (López y Abello 2). III. Antecedentes de la narrativa urbana: la herencia del boom La narrativa de Eligio García resalta la vida de personas del sector popular, de los “nuevos” barrios extramuros. El lenguaje es el adecuado para los personajes con una que otra expresión particular de la jerga popular costeño. Sus personajes muestran una alta dosis de desconfianza hacia la historia oficial y hacia las autoridades actuales de la clase gobernante de todas las épocas. El escritor desenmascara las figuras y los hechos míticos de Cartagena, consciente del valor que se le atribuye a la historia. “Como en muy pocas ciudades, en Cartagena el pasado pesa” (Gilard 59). El valor del boom de autores latinoamericanos, la generación literaria inmediatamente anterior a la de Eligio García, es que logró abrirle la puerta a una América Latina literaria con su propia estética y valores. Para los escritores colombianos del posboom la lección asimilada fue que Latinoamérica también, en sus ideales y sus idiosincrasias, forma parte del mundo. No es simplemente un continente relegado al subdesarrollo económico y cultural, sino un mundo con gente que vive y muere, ama y odia, crea y destruye—gente con historias que valen ser contadas. Las voces de los marginados se escuchan en la nueva narrativa urbana pero los protagonistas no son símbolos representativos de tipos sociales sino personas con sus propias cualidades y defectos. Frecuentemente tienen versiones de la historia que distan de la oficial, así desmitificando los eventos y héroes de antaño. La ironía, la sátira y la parodia son recursos literarios que utilizan para que sus personajes presenten su visión de la realidad. IV. Biografía del escritor La vida de Eligio García fue corta, extendiendo unos escasos cincuenta y tres años, de 1947 a 2001. Sus cuentos y novela, todos escritos antes de que cumpliera los treinta y cinco años, fueron publicados por primera vez entre 1971 y 1981 mientras que trabajaba como periodista, centrándose en la crónica sobre temas literarios y culturales. De 1982 a finales de su vida se publicaron sus originales obras de crítica y periodismo. Trabajaba en su segunda novela, Virreyes y reinas , una labor que le representó amor y tortura durante más de veinte años. Hasta la fecha queda inédita. Eligio García nació en el pueblo de Sucre. En 1951, cuando tenía tres años su familia se radicó en Cartagena donde fue criado y donde esperaba pasar sus últimos años. Allí hizo sus estudios de primaria y bachillerato. Allí tenía sus amigos y familiares. Sus visitas a Cartagena con sus hijos y su esposa fueron frecuentes, y con el tiempo ellos mantenían su propio apartamento en el centro histórico. Es la ciudad donde fallecieron sus padres y su hermano Alfredo, y el lugar donde reposan sus cenizas. Es el punto de encuentro de sus hermanos ya que varios residen en Cartagena. A pesar de ser un devorador de libros, Eligio García no pensaba escribirlos. Su hermana y madrina Aída, la cuarta de los García Márquez, le enseñó a leer pero la influencia más fuerte vino de su padrino, Jaime, el octavo de los García Márquez y el mayor de los últimos cuatro hermanos, todos nacidos en Sucre. Jaime, ahora ingeniero civil, le guiaba a Eligio y éste lo consideraba como su papá (Galvis 260). Y Jaime estaba preparando a Eligio para ganarse el Premio Nóbel. ¡De física! (265). Los héroes de Eligio fueron Albert Einstein y Robert Oppenheimer. Al terminar sus estudios de bachillerato en el Liceo de Bolívar, el colegio público masculino de Cartagena, Eligio consiguió cupo para estudiar física teórica en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Bogotá. Para ayudarse económicamente escribía artículos sobre ciencia para el diario nacional El Espectador y trabajaba en la legendaria Librería Buchholz, lugar de actividad literaria y cultural, ubicada en el centro de Bogotá. Eligio García alcanzó a estudiar física por dos años: 1966 a 1968. Se encontraba identificándose cada vez más con la literatura. Su trabajo en el periódico y en la librería lo relacionaba con personas cuyas inquietudes compartía. Su amigo desde bachillerato, Roberto Burgos, también estudiaba en Bogotá en la facultad de derecho de la Universidad Nacional. Ambos habían sido lectores y admiradores de Ernesto Sábato y Eligio sugirió que le escribieran. ¡Cuál fue su sorpresa cuando Sábato les contestó! Desde ese entonces fue un guía para los jóvenes quienes mantenían una correspondencia con él hasta 1999 (Burgos, Entrevista). Tuvieron la oportunidad de conocer a Sábato en Bogotá en 1969 cuando fue invitado a presidir el Festival Internacional de Teatro en Manizales. Ese escritor argentino, cuya formación académica fue en física teórica, le ayudó a Eligio García en la torturada decisión de dejar la carrera científica y dedicarse a la escritura. La motivación de Sábato, sumado a una úlcera duodenal que requería su hospitalización y regreso temporal a Cartagena, fueron factores decisivos para Eligio. Se retiró de la Universidad Nacional en 1968 y regresó a Cartagena (Galvis 277). Pero su amor a la investigación y su persistencia en la indagación, cualidades afianzadas durante sus estudios, le sirvieron en sus nuevas carreras de periodista y escritor, donde muestra rigor e independencia. En su prólogo a Ocaso en el trópico , la reedición póstuma de los cuentos de Eligio García, Roberto Burgos lo resume así: “El que encuentra la quinta pata del gato. Eligio” (“De qué le sirve” 5). La Bogotá de los años 1960 ofrecía una gama relativamente limitada de opciones para tertulias literarias y puntos de encuentro de escritores, críticos e intelectuales. Éstos se conocían porque se coincidían en los mismos sitios. Uno de ellos fue la Librería Buchholz. Otro punto de cohesión fue Letras nacionales , fundada por el médico y ya conocido escritor costeño, Manuel Zapata Olivella, criado en Cartagena. Letras nacionales comenzó en 1965 como una revista publicada cada dos meses y contaba con una sala de tertulias en el centro de la ciudad donde se daban lecturas diarias a las obras de jóvenes creadores. El coordinador de las tertulias y encuentros literarios fue el joven José Luis Díaz-Granados, ahora periodista y escritor, pariente de Eligio García. Los que frecuentaban las tertulias a mediados de los años '60 fueron Germán Espinosa, Luis Fayad, José Luis Díaz-Granados, Óscar Collazos, Juan Gustavo Cobo Borda, Roberto Burgos, Eligio García, Alberto Duque y Umberto Valverde. En esa época, según Díaz-Granados, la narrativa estaba en manos de los costeños (Entrevista). Aunque no lo parecía en el momento, 1968 fue un año productivo para Eligio García. Escribía el cuento “Esa rara tristeza.” Empezó a germinar la novela y decidió escribirla (Gilard 58). Después de recuperarse de la úlcera regresó a Bogotá con la idea de estudiar publicidad y se matriculó en unos cursos en la Universidad Jorge Tadeo Lozano mientras que seguía trabajando en la Librería Buchholz (Galvis 280). Ya sus artículos publicados en diferentes periódicos empezaban a tratar temas literarios. En 1969 conoció a Myriam Garzón y se casaron en Bogotá en 1972 con la bendición de ambas familias. Eligio trabajaba como periodista de tiempo completo en la revista Flash . Su cuento, “Esa rara tristeza” fue finalista en un concurso en 1971 y se publicó en 8 cuentos colombianos en 1972. En 1974 la joven pareja decidió radicarse en Europa donde permaneció hasta 1981. Desde Europa Eligio trabajaba como corresponsal de Cromos y el periódico mejicano El Sol . Vivieron tres años en París donde nació su primer hijo, Nicolás, y otros tres en Londres donde nació su segundo hijo, Esteban. Cuando regresaron a Colombia se radicaron en Bogotá, haciendo frecuentes visitas a Cartagena y Villavicencio para visitar familiares y amigos (Garzón). En Europa logró entrevistar a los más destacados escritores latinoamericanos de la época: Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti, Guillermo Cabrera Infante, y Julio Cortázar. Sus cuentos, “El campeón de siempre,” “A cambio de nada” y “Con pinta de bigliguer” y su novela, Para matar el tiempo fueron publicados en Colombia durante su ausencia. Por medio de Myriam, Eligio conoció a Patricia Lara, una persona muy destacada en el mundo de las letras. Fue cofundadora de la revista semanaria Nueva Frontera con el ex presidente liberal, Carlos Lleras Restrepo. Eligio García contribuía frecuentemente a Nueva Frontera desde los años '60 hasta los '80 cuando la revista dejó de publicarse. En los 1990 Patricia Lara fundó la versión colombiana de la revista española Cambio 16 y Eligio trabajó como consejero editorial de la revista de 1995 a 1998. Luego la revista fue adquirida por Gabriel García Márquez y Patricia Lara se retiró. Bajo el nuevo nombre de Cambio Eligio siguió colaborando con la revista hasta su enfermedad en el 2000. Eligio compartía con Patricia su frustración con la novela que escribía y rescribía hasta por fin decidió dejarla por un tiempo mientras que rastreaba las claves de Cien años de soledad con el apoyo de una beca del Ministerio de Cultura (Lara). Dedicó más de cinco años de su vida a esa investigación. La televisión no fue un medio ajeno para Eligio García y había hecho cursos sobre producción tanto en Colombia como en Europa. De 1993 a 1997 dirigía un programa semanal de media hora para la Señal Colombia titulado “Ventana al libro” (Díaz-Granados). Fue un programa en que el libro era el protagonista. Pero el libro de gran impacto mundial que Eligio quería protagonizar fue Cien años de soledad . Quería rastrear sus claves internos y externos para entender mejor su construcción y su abrumante éxito. Se tomó muy en serio su tarea como último miembro de la familia. Estoy convencido de que la única persona que puede hacer ese libro soy yo, porque nadie más podría descubrir los secretos de la vida real de los personajes, que están construidos de tal manera que sólo alguien muy cercano podría desmontarlos. Después de todo, yo soy el último Buendía, el último de la estirpe (Galvis 263). Los últimos años de la vida de Eligio García fueron dedicados a Cien años de soledad . Inicialmente él pensaba terminar su propia novela antes de emprender la investigación. Pero la vida no fue generosa con su tiempo. La novela queda en cinco disquetes en un antiguo formato de MacIntosh. Tras las claves de Melquíades , fue terminado y publicado en marzo de 2001 con la ayuda de Roberto Burgos. Fue aclamado por la crítica tanto dentro como fuera de Colombia. Probablemente es el libro mejor divulgado y más conocido de este escritor. Por supuesto, la compleja relación que Eligio mantenía con Gabriel influyó mucho en sus propias decisiones y deja muchas conjeturas y preguntas sin contestar. ¿Hubiera terminado la novela si no hubiese sido hermano de García Márquez? ¿Hubiera escrito más ficción si no habría sido hermano de García Márquez? ¿Hubiera tenido más atención de la crítica si no hubiese sido hermano de García Márquez? La respuesta a esas preguntas es una tentativa “probablemente” aunque la sabiduría de la familia García Márquez llevó a Eligio a concluir que “uno es lo que iba a ser” (Galvis 255) y “lo mejor es lo que sucede” (287). Pero con seguridad, ambos hermanos estarían de acuerdo con la respuesta que Eligio le dio a un periodista cuando éste le preguntó qué era la literatura. Sin pensarlo dos veces Eligio respondió: “La mejor creación del hombre” (Consuegra 15). V. La narrativa de Eligio García Los temas que predominan en la narrativa de Eligio García son la juventud, la marginalidad, el deporte, la música, el sexo y la muerte. La historia de la ciudad está vista por una óptica nueva y la rivalidad entre las ciudades de Cartagena y Barranquilla también está presente. El lenguaje es el de la calle, “la oralidad escrita,” sin caer en la incesante imitación del acento golpeado del Caribe ni en excesivos regionalismos léxicos. Los personajes están íntimamente relacionados con su contexto biográfico y social. La tensión y el suspenso se mantienen hasta el final de cada obra. Durante unos treinta y cinco años Eligio García fue periodista, principalmente de la prensa escrita pero también de la televisión. En sus artículos predominan los temas literarios y Eligio fue afortunado en poder escribir sobre lo que le gustaba: Ernesto Sábato, Lawrence Durrell, Álvaro Cepeda, Ray Bradbury, Albert Camus, Graham Greene, William Faulkner, Guillermo Cabrera Infante. Roberto Burgos dice que Eligio se refugió en el periodismo como una etapa intermedia entre el mundo de reglas que es la física y el mundo sin reglas que es la literatura (“De qué le sirve” 3-4). Pero mientras que escribía para ganarse la vida, también trabajaba en su segunda novela. Virreyes y reinas , el último título de la obra, también se sitúa en Cartagena y cuenta con personajes especialmente representativos del medio. Su narrativa muestra otra cara de la ciudad, nada heroica pero muy real. Y en sus relatos poetiza la vida mundana y cotidiana de sus personajes con sus pequeños triunfos y grandes derroteros. La narrativa urbana se preocupa por mostrar los nexos entre la ciudad, el habitante y la vida misma. La ciudad también se convierte en escenario para la ironía, la parodia y la burla que aspira desmitificar los modelos antiguos (Giraldo xiii-xiv). Eligio García es uno de los primeros escritores que ubica al lector en el proceso socio-histórico del nacimiento de la cultura de masas. En su narrativa se ve la pérdida de poder de las oligarquías tradicionales y los comienzos de la presencia de una clase media que aún no siente su poder dentro de la sociedad. Su entorno es cartagenero y caribeño pero sus personajes luchan con problemas y situaciones que los hacen universales. Los cuentos y la novela La narrativa ficcional de Eligio García consiste en cuatro cuentos y una novela. Cada obra transcurre en un lugar diferente de Cartagena y cada entorno corresponde a sitios reales. El primer cuento, “Esa rara tristeza,” fue escrito en Cartagena y Bogotá en 1968 y 1971. En él, el lector acompaña el cuerpo de Luis, un joven con un porvenir brillante, de su misa funeraria en Pie de la Popa por el trayecto al cementerio de Manga. En camino, un narrador principal y otros auxiliares que participan en la triste despedida, comparten sus pensamientos y sentimientos con el lector, cada uno aportando su propia información y punto de vista. El narrador principal es el hermano de Ángela, la novia de Luis, y por medio de él asistimos al rito de “matrimonio póstumo” inventado por Ángela en el cementerio. El resto de la ciudad no quiere saber nada de tristezas ya que en ese día de noviembre comienzan las fiestas. El segundo cuento, “El campeón de siempre,” fue escrito en los años '70 en Bogotá y Europa y publicado por primera vez en 1976. Es el cuento más divulgado de Eligio García, antologado en varias publicaciones que rescatan y recopilan el cuento colombiano. Aquí nuevamente el lector es testigo de la conversación interior que el campeón de boxeo sostiene consigo mismo mientras que se prepara para volver a ser la estrella que una vez fue. Pero el campeón vive en la irrealidad de su pasado de fama cuando ya su situación ha cambiado. Se vuelve cada vez más agresivo en contra del público que ya no lo aclama. El comportamiento de “niño terrible,” celebrado en su época de gloria, ya no está tolerado por su antigua fanaticada. Y el héroe de los agentes de la policía, para su gran sorpresa, termina rumbo a la cárcel por sus atropellos contra unos bañistas. “A cambio de nada” fue escrito en Bogotá y Europa en los años '70. El cuento, narrado en tercera persona, transcurre en un tiempo muy corto, cuando Carolina Lecompte Román, la protagonista, tiene que pagar su cuantiosa deuda después de perder todo en un lujoso casino del sector turístico. Don Emiliano, el gerente del hotel donde funciona el casino, se muestra muy flexible en cuanto al pago de la deuda ya que Carolina es de una de las familias más acomodadas de la ciudad. Pero no es hasta el final de su conversación que Carolina se da cuenta del precio que le pide—la entrega de la Prince, su hija quinceañera, para saciar sus apetitos sexuales. “Con pinta de bigliguer” fue escrito en los años '70 y '80 en Bogotá y Europa. El cuento, narrado en tercera persona, relata la historia de Jesse Concepción, beisbolista de renombre traído a Cartagena en 1955 como la última esperanza de Los Indios, el equipo local que perdía en el béisbol profesional. El cuento presenta un Jesse perdedor que se deja acobardar por las reacciones del caprichoso público. Pero Jesse se convierte en ganador nuevamente cuando recupera su habilidad de “oír” la pelota e ignorar las voces de los demás. Sin embargo, las fortunas de Jesse y las fortunas del béisbol en Cartagena van en contravía. Jesse se fue de Cartagena como un héroe y en los Estados Unidos llega a jugar en las Grandes Ligas. Cuando quiere regresar a jugar en Cartagena, esa opción ya no existe porque el béisbol profesional en la ciudad ya ha muerto. La única novela publicada de Eligio García, Para matar el tiempo , tuvo una larga germinación y fue transformada en varias ocasiones. La versión publicada en 1978 es narrada por Hernando, un joven en el umbral de la vida adulta y protagonista principal del relato. Él está terminando un año de estancamiento en su vida ya que no pasó en la universidad y no tiene trabajo. Vive en el barrio obrero de Lo Amador y su mundo es su barrio y los sectores contiguos de Pie de la Popa y Pie del Cerro. Los amigos de su juventud se desempeñan en actividades marginales y se ven en la calle para hablar de música, béisbol, boxeo y sexo. Hernando conoce a Tatiana, una joven de la oligarquía de Cartagena, ya venida a menos. Los dos sostienen una amistad durante un mes, el tiempo que ella necesita para ayudar a su padre a vender lo poco que queda de la fortuna familiar. Cada uno de los amigos de Hernando, jóvenes entre los dieciocho y veintidós años, tiene su lucha con la marginación. Carmelo perdió su padre en la violencia de su pueblo natal después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y su familia no tenía estabilidad económica (García, Para matar el tiempo 86). Carlos Alberto, el único universitario amigo del grupo, luchaba por los ideales de Camilo Torres y trataba de conseguir justicia en la misma universidad donde tropezaba con obstáculos y barreras (44). Sandra, amiga de todos y novia de Carmelo, muere de un aborto provocado siendo todavía estudiante de bachillerato. Carmelo no sabía del aborto ya que se había ido a otra ciudad a trabajar (153). La liberación sexual tiene su precio y la mujer paga con su propia vida. El grupo de amigos se disuelve ya que cada uno tiene que responsabilizarse por su propia vida. Han adquirido conciencia pero el precio de esa lección—la muerte de su querida amiga—fue muy alto. B. La sociedad como juez implacable En la obra narrativa de Eligio García aunque sus personajes se destacan en alto relieve como individuos, siempre está presente la sociedad como un implacable coro griego juzgando a sus miembros. Es una sociedad cerrada, racista, clasista y caprichosa. Castiga a los que violan sus normas o incita a los mismos violadores a castigarse. Sin embargo no es una narrativa de pesimismo y despecho. La obra muestra una sociedad en transición, insegura de sus nuevos valores pero capaz de brindar momentos y lugares de apoyo y solidaridad a sus miembros. Una conciencia dura e implacable narra “El campeón de siempre,” este cuento del boxeador negro del barrio marginal de Canapote que prometía mucho y nunca llegó a conquistar un título mundial. La conciencia es la voz de la sociedad, recordándole al boxeador su indisciplina, su despilfarro del dinero, y su comportamiento de niño malcriado. En “A cambio de nada” vemos la sociedad con la “s” mayúscula y las luchas por el poder que se llevan a cabo en su cumbre. El orgullo y el temor al escándalo hacen que la protagonista, Carolina Lecompte Román viva en apariencias. Y don Emiliano, el gerente del hotel en cuyo casino Carolina acaba de perder su fortuna, con las riendas del poder en la mano, ya puede darse el lujo de saciar sus apetitos sexuales a la vez que jura que sólo le interesa el bien de Cartagena (García, “A cambio de nada” 99). La imagen de la sociedad se salvará mientras que la realidad del uso y abuso del poder continuará entre sus miembros. En el cuento “Con pinta de bigliguer” la sociedad y un beisbolista están enfrentados. La sociedad se muestra caprichosa, chismosa y cruel. Y por un tiempo el protagonista, Jesse Concepción, se deja acobardar. Ni siquiera trata de defenderse ante los falsos alegatos de sus enemigos. Siente que todo está perdido. Pero cuando despierta de su pesadilla y batea un jonrón, la sociedad le perdona todo. Y Jesse no le guarda rencor. La sociedad necesita su héroe y Jesse se siente bien en ese papel. Las expectativas de ambos se han cumplido. El papel de la sociedad es el papel del malo en la novela Para matar el tiempo . La misma sociedad que no brinda oportunidades para su juventud juzga mal a los jóvenes por no tener dinero. La marginación le duele al bonche de amigos y la religión de los abuelos tampoco los salva. Para los estudiantes de la universidad la sociedad los reprime y los espía. Si se atreven a hacer algún reclamo, los puede matar. Y aún estando en la cumbre del poder, la sociedad puede traicionar a sus miembros. La riqueza y la tradición de la familia de Tatiana no la salvan ante las maquinaciones de otras poderosas familias que se unen para destruirla. La sociedad es racista. Juega con los deseos de un señor negro de obtener el aval de la sociedad en términos sociales ya que se encuentra en su cima económica. Ser un nuevo rico no es suficiente para manejar los hilos invisibles de poder en la sociedad. Y, finalmente, la sociedad castiga a las mujeres que violan sus normas. Un embarazo fuera del matrimonio no es aceptable; el aborto provocado, un crimen. El hombre puede pagar el embarazo con un matrimonio no deseado. Sandra lo paga con su vida. C. Antihistorias protagonizadas por antihéroes A través de los cuentos y la novela Eligio García se muestra como un escritor versátil en sus temas y cuidadoso en la selección de sus narradores. La nostalgia, la sorpresa y la ironía son recursos usados para crear interés y empatía con los personajes y sus dilemas. Pero hay un factor que une las diferentes narraciones, aparentemente tan variadas: son antihistorias. Conocemos los personajes y sus situaciones en momentos difíciles: la vida segada del joven y la tristeza de sus dolientes, el resentimiento del boxeador viviendo la gloria del pasado, la pérdida irreparable de la mujer de la sociedad, la desgracia del beisbolista y luego del béisbol, y los jóvenes esperando la madurez. Por una u otra razón, los personajes están marginados aunque hayan estado en la cumbre de la popularidad y el poder. Luis y Sandra mueren, el boxeador termina en la cárcel, la Prince, hija de Carolina, es la chiva expiatoria de las deudas de su madre, el béisbol profesional y la enigmática Tatiana se van arruinados de Cartagena. Ninguna de estas situaciones tendría cabida en la historia oficial de la ciudad, sin embargo forman una parte integral de la realidad de ella. Por supuesto, sus cuentos y novela son creaciones ficcionales, pero creaciones que nos ubican en el tiempo y el espacio, con profundas raíces en la realidad. Son historias que perfectamente pudieran haber sucedido. Y en este sentido, Eligio García es el historiador privado de su ciudad. En su obra narrativa reposa la memoria de una Cartagena transformada en urbe con nuevas poblaciones y preocupaciones que claman por ser escuchadas. Es una obra de corta extensión y honda profundidad. En ella están plasmados personajes en situaciones universales vistos desde la Cartagena de los años '70. Es un mundo realmente vivido y hondamente enriquecido por la obra narrativa de Eligio García. D. La presencia del Caribe Sin duda la presencia del Caribe se siente en la obra narrativa de Eligio García. El mar, la forma de hablar, la música y el deporte son unos elementos caribeños constantes en su novela y sus cuentos. La región caribeña de Colombia fue y sigue siendo un mundo oral, reforzado por la radio. La palabra hablada, la palabra cantada, la música y el deporte se comparten dentro del Caribe colombiano y con los países situados en y a la orilla del Mar Caribe. El béisbol y el boxeo son muy populares en el Caribe colombiano. Aunque hay equipos de béisbol aficionado en el interior del país, la costa caribeña se destaca por tener equipos profesionales cuyos integrantes han llegado a jugar en las Grandes Ligas. Y equipos de todo el Gran Caribe participan en ligas de béisbol con campeonatos organizados, muy populares en toda la región. En el Caribe el deporte significa mucho. Sus héroes son de condiciones humildes, de la clase popular, de la masa. Son personas de carne y hueso que han superado obstáculos y vencido barreras para llegar a la gloria. Su pueblo les agradece aunque el amor entre el deportista y el público no sea eterno. El Caribe también se escucha en la obra narrativa de Eligio García. La música en sus múltiples manifestaciones hace parte del mundo caribeño donde la música es uno de sus más conocidos productos de exportación. Es muy aparente que los jóvenes protagonistas de su novela tienen conocimientos de la música caribeña en general. Hablan de Ricardo Ray de Puerto Rico (García, Para matar el tiempo 21), de Santana (46, 88), de Joe Cuba y su “terrible descarga” (105), y de los boleros de Daniel Santos (148). Personas del barrio del bonche tienen apodos de canciones cubanas como Juancito Trucupei y Pepe Antonio (146). La música antillana suena por la radio en Cartagena a toda hora (74, 113) y las orquestas antillanas llegan a la ciudad para amenizar las fiestas de noviembre (46). A los jóvenes la música movida, bailable es la que los atrae. Sin embargo, la música romántica, en esa época el bolero, les sirvió de “escuela sentimental.” Los amores prohibidos, imposibles y difíciles, inmortalizados en esas canciones, abren una ventana al mundo de los sentimientos de otros que han vivido más que ellos y saben expresar su estado emocional. Las similitudes dentro del Gran Caribe extienden mucho más allá del deporte y la música. Son lugares de climas tropicales. Son sitios que tradicionalmente vivían de la pesca, la ganadería y los cultivos de tierra caliente: el algodón, el tabaco, el azúcar, el banano y el arroz. Sus fortunas han estado estrechamente ligadas a mercados internacionales (Mercado 114). Para no depender tanto de esos mercados, la gran mayoría de países de la región han visto la ventaja del desarrollo del turismo para aprovechar su clima, su historia y su belleza natural. Por supuesto, la competencia para atraer el turista es fuerte y cada sitio busca la manera de destacarse en ese competido mercado. Y, finalmente, el contrabando, siempre presente en el Gran Caribe, continúa, los productos más peligrosos siendo los mejor remunerados. Cuando las obras de Eligio García fueron publicadas, el Caribe fue una noción vaga que poco tenía que ver con Colombia. El Caribe conocido en ese entonces fue un lugar exclusivamente isleño, importante en la época colonial y sitio de figuras míticas como el pirata, el corsario y el filibustero. En su dimensión literaria fue el ejemplo de lo real maravilloso, el crisol de culturas, la cuna del espíritu de la independencia en el Nuevo Mundo. Y el mundo que Eligio García crea en sus narraciones es un mundo actual, un mundo de “héroes terrenales” para usar el término de Héctor Rojas Herazo, escritor, periodista y pintor del Caribe colombiano (Salcedo 6). Ese mundo fue nuevo para la literatura de su época y su país. La narrativa de Eligio García abre la puerta al Caribe colombiano no como un ejemplo de lo local sino como valor universal. E. Cartagena y su imaginario Cartagena está presente en todos los cuentos y la novela de Eligio García. Sus calles y monumentos, sus figuras históricas, su culinaria, los apellidos de sus dirigentes, su música, sus fiestas y sus deportes tienen sus lugares en la narrativa. Eligio García no se detiene para explicar las referencias al lector. Pero sin mucha dificultad el lector puede apreciar el entorno aunque no conozca la ciudad. El que sí la conoce indudablemente hace una lectura distinta al que no está familiarizado con el contexto. Aunque la presencia de Cartagena se siente en toda su obra narrativa, Eligio García utiliza diferentes aspectos de la vida de la ciudad para destacar sus cambios, conflictos y confrontaciones. Su obra no es un mero catálogo de lo cartagenero ni una réplica costumbrista de la vida de la ciudad. En su representación de Cartagena hay una dialéctica que enfrenta diferentes aspectos de su vida sin llegar a resolver los conflictos. El resultado es un complejo tejido multidimensional que contrasta la alegría con la tristeza, el individuo con la sociedad, la vieja oligarquía con los nuevos ricos y la ciudad heroica con su historia desmitificada. Ante las figuras históricas, hijos de Cartagena, Hernando, el narrador de la novela, y sus amigos, no tienen sino desprecio. Rafael Núñez, el único cartagenero que llega a la presidencia—y llegó cuatro veces—es “quien le entregó definitivamente y para siempre la patria a los curas” cuando firmó el Concordato con el Vaticano (García, Para matar el tiempo 97). A raíz de eso la Iglesia Católica adquirió derechos que otros países estaban limitando. Pero Núñez tenía su propia necesidad de legitimar su segundo matrimonio ya que se había separado de su primera esposa, y consiguió que su primer matrimonio se anulara. Para Hernando este es un ejemplo del interés propio de Núñez quien no tenía ningún remordimiento en llevar el país “a este limbo en que vivimos, la Patria Boba” (97). Con varios tragos de alcohol adentro, Hernando y su amigo Carmelo empiezan a hablar mal de Cartagena, culpándola por la situación indefinida, incómoda e insegura en que se encuentran. Pedro de Heredia, el fundador de Cartagena, “jodió para siempre la ciudad, por haberla fundado en enero que es un mes de espejismos solares.” Los mártires, cuyas estatuas adornan un gran paseo en el centro de la ciudad, no fueron sino cobardes. La India Catalina, otro icono de la época colonial, representante de la cultura indígena, no era sino una “puta” y “traidora de su raza.” Pero lo más irónico es la historia de Blas de Lezo, el gobernador español manco, cojo y tuerto, quien defendió la ciudad en el siglo dieciocho del sitio de los ingleses, ésos bajo el mando del Almirante Vernon. Para Hernando, Blas de Lezo “triunfó contra un imperio para nada” ya que “dos siglos después de su victoria, lo importante en Cartagena es hablar inglés” (98). Las frustraciones de los jóvenes con superávit de tiempo y escasez de recursos se desahogan contra la ciudad y en el proceso desmitifican las grandes figuras de su tradición. A pesar de ser una ciudad histórica, gobernada por un círculo cerrado, en Cartagena es posible vivir los conflictos de la niñez y adolescencia en sus calles. Es posible madurar y asumir las responsabilidades de la vida adulta entre sus murallas. Sus héroes populares, en los personajes de boxeo y béisbol, son amados y rechazados por su numerosa clase popular. Es una ciudad donde la gente vive y sueña tal como puede hacerlo en cualquier rincón del mundo. F. Los marginados Las historias de Eligio García tienen a los marginados como protagonistas: los que están de duelo durante las fiestas, los deportistas que no rinden, los oligarcas venidos a menos, la juventud sin rumbo. Esa marginación se debe a factores personales de los personajes (inmadurez, aburrimiento, irrealidad) y estructurales (falta de oportunidades). Eligio García nos muestra personas que no encuentran cómo aportar a la sociedad, y una sociedad que no sabe canalizar sus energías. Esas faltas son endémicas de muchas ciudades en América Latina y Cartagena no es la única ciudad que las padece. Sin embargo, son pocas las veces que se piensa en Cartagena como una ciudad común y corriente. Se escuchan las voces de los que estuvieron en la cima de la popularidad, el prestigio y el poder, ya caídos de sus pedestales, reducidos a proporciones humanas: el boxeador, la dama que juega en los casinos, la familia de Tatiana. Eligio García los muestra tratando de desenvolverse en un mundo que ha cambiado para ellos. Y los cambios, y la inseguridad y la nostalgia que producen, afectan por igual a todos. La representación de Cartagena en la narrativa de Eligio García es original. Con él, Cartagena, la quinta ciudad en tamaño en Colombia desde hace varias décadas (Mercado 110), entra en la época de la ciudad de masas. Sin embargo esas masas no están conformadas de personas idénticas sin nada que las diferencian. Son de carne y hueso con sus pequeños triunfos y grandes derrotas, cuyas historias valen la pena contar. Tienen sus sueños y sus secretos que tal vez no influyan en el destino de la ciudad, sin embargo forman la base sobre la cual la sociedad descansa. Y sueños y secretos, triunfos y derrotas son aspectos de la vida humana, una vida compartida por personas de circunstancias muy diversas, complejas y ricas. Es esa humanidad que compartimos todos que tiene su protagonismo en la obra de Eligio García quien afirma la igualdad de la condición humana aún en la señorial, histórica, heroica ciudad de Cartagena. La mitología cartagenera entonces, se proyecta desde su lugar concreto y específico al gran universo. Cartagena cobra un nuevo papel en la historia literaria de Colombia. Es única a la vez que comparte una humanidad universal. Y entre el equilibrio-desequilibrio de esos dos aspectos de la ciudad está la narrativa de Eligio García. VI. El buen periodista Para Eligio García el ser humano como creador siempre era una noticia digna de contar. Los libros y sus escritores son temas de sus reportajes como también los son el cine, la música, el arte, el periodismo y la televisión. El niño que siempre andaba leyendo un libro se convirtió en un periodista para quien el libro siempre era noticia. En sus años en Europa Eligio García escribió sobre William Faulkner cuando sus obras completas fueron publicadas en La Pleiade en París en 1978, y sobre Albert Camus cuando el norteamericano Herbert R. Lottman publicó una minuciosa biografía de ese escritor en 1979. Hizo una reseña de El factor humano del escritor inglés Graham Greene en 1979, y una de la serie Quinteto de Aviñón , aún no concluido, del autor inglés Lawrence Durrell. Es de recordar que Eligio García escribía en español para un público lector en América Latina que a través de sus artículos podía enterarse de las corrientes literarias actuales del mundo occidental. Pero también fue vocero de la buena literatura latinoamericana. En Europa coincidió con Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti, y, por supuesto, con Gabriel García Márquez. Sus reportajes sobre sus encuentros con estos escritores fueron publicados en diferentes medios latinoamericanos y luego recopilados en el libro Son así . Eligio García avanza la hipótesis que los escritores terminan pareciéndose a sus personajes. Onetti tiene mucho parecido con el personaje de Larsen, creado por él (García, Son así 45-47). Tom Wolfe se convierte en el gurú literario, así quemándose en la hoguera de su propia vanidad (García, Tom Wolfe 34-35). Gabriel García Márquez se convierte en el coronel Aureliano Buendía, dibujando a su alrededor un círculo de tiza para protegerse de la fama (García, Son así 98). El otoño del patriarca entonces, es la historia del coronel Aureliano Buendía si éste hubiera llegado al poder (127). El reportaje más citada de Eligio García se titula “Sinfonía inconclusa,” describiendo sus múltiples intentos de entrevistar a Alejo Carpentier en París en 1979 y 1980. Fue publicada inicialmente en la revista colombiana Nueva Frontera en 1981 y forma parte del libro Son así . Los silencios de Carpentier dicen más que sus palabras y, aunque se negaba ser entrevistado, Eligio García logró que esos silencios hablaran ( Son así 149-174). En cada encuentro Carpentier aprovechaba para regañar a Eligio García como representante del gremio periodístico que no quería sino quitarle tiempo haciéndole las mismas preguntas de siempre (171). La sorpresa para Carpentier viene al final de su último encuentro cuando descubre que se había negado a Eligio García Márquez (173). La confianza que Eligio García llegó a sentir como periodista lo llevó a cumplir su misión como el último Buendía: la de descifrar las claves de Cien años de soledad . La idea empieza a germinar en su interior en los años '90. Tras las claves de Melquíades es un libro de seiscientos treinta páginas, dividido en trece capítulos. Es una obra compleja y profunda que combina múltiples técnicas y géneros, entre ellos la biografía, el periodismo, la historia, la crítica literaria y la investigación. Cien años de soledad es el protagonista y Eligio García sigue su trayectoria desde su germinación en el Caribe colombiano en 1948, su escritura en México de 1965 a 1966, y su descomunal éxito en el mercado al publicarse en 1967. Tras las claves de Melquíades representa años de investigación pero el libro se lee como una novela policíaca, precisamente por la destreza de Eligio García en presentar tantos detalles y citas de una manera interesante y novedosa. El buen periodista logra recrear ese vasto universo de Cien años sin caer en la trampa de presentar un catálogo de citas interminables. El lector se contagia de la curiosidad del periodista y se deja llevar por la larga gestión de dieciocho años de esta obra maestra de la literatura latinoamericana. Tras las claves de Melquíades tuvo aclamo de la crítica tanto dentro como fuera de Colombia. Por él, Eligio García fue condecorado con la Medalla al Mérito Cultural del Ministerio de Cultura, otorgada a las personas, comunidades o instituciones que promueven las expresiones artísticas y culturales en los ámbitos locales, regionales y nacionales (“Eligio Gabriel García Márquez”). Eligio García fue atraído al proceso de creación humana, primero como científico y luego como periodista e investigador. Tenía una gran habilidad de imitar los estilos literarios de otros, habilidad que se ve en Son así , Tom Wolfe, o la novela periodística y Tras las claves de Melquíades . A la vez que admira a los escritores que entrevista e investiga, los pone en un plano humano al alcance del lector. Los desmitifica pero mantiene una actitud de asombro y reverencia ante sus obras maestras. Su extraordinaria cultura literaria le permitió profundizar en la investigación para encontrar valores y relaciones poco vistos por otros. Eligio García había definido la literatura como “la mejor creación del hombre” (Consuegra 15). Y esa misma literatura está enriquecida por la lectura que ese periodista le dio y compartió con el público. Admiró en los ensayos de Vladimir Nabokov la gran habilidad que tenía ese escritor para transmitir su amor por la literatura (15). Y de ese mismo amor por la literatura están tejidos las obras periodísticas-literarias de Eligio García. VII. Eligio García y el enriquecimiento de la narrativa colombiana La obra narrativa de Eligio García examina los nexos entre la ciudad, sus habitantes y la vida misma, estableciendo un equilibrio entre la vida pública y la vida interior de sus personajes. Y el tono de nostalgia, presente en diferentes proporciones y grados a lo largo de los cuentos y la novela, identifica su obra con una Cartagena que se fue y no viene más. Pero ésta es una ilusión también porque a través de la narrativa ese pasado no se ha perdido. Vive en el bate jonronero de Jesse Concepción, las ilusiones de grandeza del campeón de boxeo, y el baile inspirado de Sandra y Willy. Es la celebración de la vida a pesar de la marginación, o precisamente como consecuencia de ella. Y Cartagena, con sus cualidades y defectos, aún permite que esa celebración de la vida se realice. Eligio García ayudó en la creación de conciencia y cultura literaria en Colombia a través de su programa “Ventana al libro” que presentaba por la televisión y los artículos que publicaba sobre libros, escritores y el mundo literario. Iniciativas de rescatar y recopilar cuentos de diferentes épocas y diferentes regiones han resultado en la inclusión del cuento “El campeón de siempre” en antologías publicadas en Colombia en 2003 y 2005. Y esas mismas antologías han incluido trabajos de autores como Roberto Burgos, Óscar Collazos y Alberto Duque, narradores del mismo grupo de Eligio García. Un homenaje póstumo titulado Ocaso en el trópico publicado en 2007 recoge los cuatro cuentos de Eligio García y el texto de una entrevista con Jacques Gilard, originalmente publicado en 1982. Roberto Burgos le hace el prólogo. Diferentes universidades han enfocado su obra periodística y Tras las claves de Melquíades sigue siendo un indispensable libro de referencia. Eligio García se destaca como un narrador de antihistorias cuyos protagonistas son antihéroes. Sus personajes hablan el idioma del pueblo. Presentan las historias que nunca veremos en textos escolares ni en guías turísticas. A través de su narrativa, Cartagena entra en la literatura con una nueva personalidad: la de un rincón del Caribe con sus cualidades y defectos, pero sobre todo un sitio donde todavía es posible celebrar la vida. La nostalgia de la Cartagena de su crianza nunca se apartó de Eligio García, y a través de su narrativa la inmortaliza y la comparte—un excelente legado para su ciudad, su región y su país. Obras citadas Abello Vives, Alberto y Silvana Giaimo Chávez, compiladores. Poblamiento y ciudades del Caribe colombiano . Bogotá: Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (FONADE); Cartagena: Observatorio del Caribe Colombiano, 2000. Burgos Cantor, Roberto. 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Heredia probablemente llegó a Cartagena en enero pero el acta oficial de fundación de la ciudad fue el 1 de junio de 1533 (Lemaitre 17-18).
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