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Andrea Victoria Álvarez (Caracas, Venezuela) Maestra normal. Fue integrante del grupo cultural “Pie de Página”, auspiciado por la Casa de la Cultura del estado Aragua. Reside actualmente en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Ha sido publicada en diversas revistas Web: Herederos del Caos, Resonancias Org. Azul Arte y en la revista digital literaria “ Letralia ” Venezuela. En papel, las antologías “Poesía Iberoamericana del siglo XXI, tomos I y II; editadas en México por la Sociedad internacional de poetas y escritores “SIPEA”. Y en la revista literaria de “Pie de Página” en su país. En URL www.sanesociety.org . Y http://espanol.agonia.net/ |
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Soledades de metal.
Las manos sudan sus fragancias de verano.
El aroma inconfundible del mutismo perturba el asfalto con algún pachulí viajero.
Todos vamos Sobre la misma ruta.
Sobre los mismos rieles retraídos del silencio.
Hay tanta gente aquí que nuestras soledades se estrellan.
Faros
Con titilar histriónico centuplican a las urbes sus luces citadinas
Se rozan evasivas. Ensayan un cortejo de colosales luciérnagas.
Son los ojos infantiles de la noche que juegan con la muerte sobre el asfaltado de la vida.
—¿Te ha sucedido alguna vez ver una ciudad que se parezca a ésta? — Italo Calvino
URBES INFINITAS
La procesión va por dentro, digo. Árbol de copas caídas, sin verdor, aquel hombre sin abriles, sin cabellos arqueado al conjuro de los años, seco.
Vigías de las ciudades y sus humaredas. Derramada savia del fruto ausente en la corteza del recuerdo, adentro.
Y sus raíces se enredan en corpúsculos de asfalto. Viajan en las hojas al febril vaivén del pensamiento. Inciden en las vertientes, cruces en que transmigran las urbes opacas y sin tiempo.
Adentramos sus pupilas de argamasa, por sus venas de sombras y luces amarillas. Las luces ilustradas de las calles.
Los faros nos aglutinan sobre sus rieles como estación del metro, suma de nuestros pasos, pienso: Los que suben, los que bajan y los que vamos quedando en la cuenta inmaculada del calvario.
Desde éste pináculo de maquetas las urbes y sus mamposterías, tienen el diseño intacto y negligente de un arquitecto de facto.
Las mismas soledades se repiten. Idénticas sus casas aniñadas con rictus de pobrezas en las manos.
Sus causes con más calles, con más carros, nos llevan a ningún lado.
La ciudad, suma de vidas, con sus luces, con sus huellas, nuestros pasos. Un transeúnte más por las sendas intestinas del ocaso.
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