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Felipe Cussen (Santiago de Chile, 1974). Es Doctor en Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de la Escuela de Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales. Ha publicado Mi rostro es el viento (Libros de la Elipse, 2001), Esto es la globalización: (Foro de Escritores, 2005), Deshuesos (Animita Cartonera, 2007) y Título (Libros de la Elipse, 2008). Es miembro del Foro de Escritores. |
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Un sol negro. Un sol oscuro. Un sol oculto dentro de sí mismo. El sol se oculta, el sol se muestra. No hay nada nuevo bajo el sol. Generaciones vienen, generaciones van. No hay nada nuevo bajo el sol. El sol no es nuevo. El sol no es nada. No hay nada, pero es que nada, créanlo: no hay nada nuevo bajo el sol.
He aquí lo nuevo. Pero ya fue. Ya había sido antes de nosotros, cuando no estábamos nosotros. Antes de nosotros había otros, y antes otros, y antes, hasta que no había memoria. Ahora no hay memoria. De los otros no ha quedado memoria. De nosotros no queda memoria. De nadie quedará memoria en la memoria de nadie. No queda nada. No hay memoria. No hay nada.
He aquí que no hay nada. He aquí el rigor. He aquí el vigor. He aquí la fuerza. Son otros los que tienen la fuerza, no nosotros. He aquí los materiales. Son otros los que tienen los materiales, no nosotros. He aquí las herramientas. Son otros los que tienen las herramientas, no nosotros. He aquí lo hecho, lo deshecho y lo rehecho. He aquí lo hecho sin fatiga, he aquí la fatiga de los materiales. Las puertas cuelgan, las casas tambalean. Todo se hace pedazos, se hace trizas. Lo que se hizo, se hizo. Lo que no se hizo, no se hará. Nadie lo resistiría, lo soportaría, lo aguantaría. Nadie sería capaz de nada. ¿Qué queda por hacer? ¿Qué quedará por hacer después de deshacer lo rehecho? ¿Qué quedará después? ¿Qué quedará? Hay tanto por hacer. No hay nada por hacer. No hay nada.
No hay contento, hay descontento. No hay provecho, hay desprovecho. No hay solución. No hay problema. Incluso si no hay problema no hay solución. No hay instrucciones. ¿Sería posible que haya instrucciones? ¿Dónde podría haber instrucciones? No hay dónde buscar. No hay que buscar más allá. No hay que buscar más acá. No hay qué buscar. No hay que buscar. No hay motivo. No tiene sentido. No vale la pena. Es un mal negocio. No vale nada. No hay nada.
No hay nada peor que esto. No hay nada mejor que esto. Esto ha aumentado considerablemente. Esto ha disminuido notablemente. Esto no es divertido. No estamos bromeando. Bajo ningún concepto. Habría que analizarlo, estudiarlo, llevarlo a juicio y juzgarlo. Y sólo entonces decidir si hay algo. Pero no hay caso. No hay nada.
Hay proverbios para todo. Todo termina por saberse. Pero no se sabe nada. Quizás no nos atañe, no nos concierne, no nos interesa, ni interesa a nadie. Pero no digan que no les avisamos. No se olviden. Acuérdense de nosotros. Antes de que vengan días malos, antes de que vengan días más malos. Nadie agradece nada. No hay nada que agradecer. No hay nada.
Hemos visto tanta cosa. Hemos visto tanta cuestión. No hay nada, nada que ver. Todo ha sido visto. Todo ha sido oído. Todo ha sido dicho. ¿Hay algo que se pueda decir? Todo son palabras que sobran. Pero todo hay que decirlo. Cómo decirlo con palabras. Las palabras son clavos, pero clavos mal clavados. Estas palabras se han desclavado. Y no hay nada que decir. No hay nada.
Se ha cerrado un ciclo. El fin de todo discurso es absurdo. Todo es absurdo. Todo es tedio. Sólo queda la niebla. Sólo niebla, todo niebla, todo niebla de nada, todo de nada, todo por nada, todo o nada. No hay nada.
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