Juan Huenuán Escalona

Nace en Temuco en 1977. Estudia la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de la Frontera. El año 2007 ingresa a la carrera de Relaciones Públicas y Producción de Eventos impartida por la Universidad Autónoma del Chile.
Dentro de su desempeño como poeta, en 1995 integra en el taller literario de la SECH, filial Temuco, dirigido por el poeta Jaime Huenún. Ha participado en los encuentros nacionales de poesía “Violento Sur”, “Riesgo País”, “Descentralización” y en diversas lecturas en Temuco. Ha escrito el poemario inédito titulado “El Mapa Roto de la Sangre” del cual se han publicado fragmentos en la revista literaria “La Fosa”, dependiente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la Frontera; revista de literatura y arte indígena “Ulmapu”, y algunos soportes electrónicos como la página literaria y cultural de Alejandro Lavquén, el sitio literario Frontera Sur y en la página Letras s5. Durante el presente año (2008), gana la beca a la creación literaria en la categoría de escritor emergente - género poesía, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Actualmente es becario de la Fundación Pablo Neruda zona sur, taller que dirige Guido Eytel. Reside en Temuco.

 
     
     
 

Solo estabas de paso en el techo de su afecto

 

Tragaste la noche como el agua turbia

/de los rezagados.

La tortilla quemada era el día

/que comías

pues del animal perdiste la cría más gorda

y en lo siguiente la vergüenza.

Toleraste la paga con semillas roídas.

Nada dijiste cuando de tu animal predilecto

/hicieron cazuela

o cuando rompieron la tregua de la cena al lacear

/a tu hembra

a la hora del mote agusanado de palabra

o huevo podrido que el azadón encuentra

/en vez de papa.

Pero cuando dijeron:

La mitad de tu pantano para el hermano

/y sus hijos

pensaste en la culebra que con piel

/alimentaste

en la cueva que ahora tendrías que buscar

para tus diálogos cubiertos de nalcas

/y helechos.

De tu bolsillo sacaste el último bocado para

/la criatura

y te fuiste al galope mascando una hoja de

/eucaliptus.

 

 

 

El destete

 

 

Y a esta comarca le di un hijo

/abismo

que ahora prepara su guarida sin olor

/a mis pechos.

El que montado en su ira

/da brincos

y ondea su seminal hedor

hacia la única raíz que no pude revelarle.

 

Y así lo veo arrojado al camino

que orillé entre las barbas de la noche

donde sin temor me hice a la faena

de darle hermanos sin rostro.

Y manaron de mí sus hermanos.

Y manaron de mí los hermanos de tantos.

Tantos que ahora son sus propios enemigos

porque yo desaté las jaulas rodando entre humedales

y amamanté al barranco que de mi aún brota y brota.

 

Él es el tajo que apañé

hasta que estiró su hueso y carne

y me obsequiara un mal decir en la mirada

y buscara lana sin mi olor para su escondrijo.

Él es el tajo que de mí nunca nacerá

/del todo

porque mi pecho es el hueco que eterniza

/el hierro

que seguirá hiriendo mi semilla y la suya.

 

 

 

 

Las últimas brazas

 

 

Y preguntó:

¿Dónde está el hijo para escuchar estos relatos de viejo?

 

Revolvió el caldo, cuchareó tres veces

y sintió alivio de ver que aún no le sabía

/a ceniza.

Atizó las brazas que chispearon los nudillos.

El padre come los restos de sus días en los cercos

/afirmado.

Una sombra son ahora las llamas que caen oeste abajo

/de su barranco.

Llena su boca de chicha, la noche no está del todo

/en su copa.

Y pregunta nuevamente:

 

¿Dónde está el hijo para escuchar estos relatos de viejo?

Aún mis manos trenzan la muerte en el cuello del gallo

y tocan las tetas de las chinas.

Aún guardo silbidos para llamar a los perros

/tras los cerros.

 

Atizó así, las últimas brazas.

Sintió alivio al ver que el caldo no era ceniza

/en su boca.

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