Taller Liceísta BrújulaSur

Puente Alto, Chile

 
     
     
 

Fragmentos del libro inédito La puerta de salida
Por Heiidy

(…)Salgo a caminar un poco, estoy algo confundida, ayer tuve relaciones con mi novio, y no sé por qué tengo el presentimiento de que estoy embarazada (…) Seguí confundida con todo esto, había un ambiente de tensión en mi casa, pero no quise decir nada para no hacer algo reprochable. Recorrí lo que todos los días recorro e imaginaba mi vida con un bebé entre mis brazos, me desagrada esa idea, sobre todo si tomamos en cuenta que no quiero a mi novio (…) Caminando me encontré con gente conocida y cordialmente le entregué una sonrisa y seguí.

Nunca me gustó el centro de Puente Alto, pero hoy sentí la necesidad de ir hasta “la plaza del caballo” como todos le dicen. Pasé por lugares que conozco como la palma de mi mano (estoy cerca) hay mucha gente hoy, debe ser por que es interferiado.

Hoy es un día especial porque no le doy importancia a la gente, caminé hasta la plaza donde hay un asiento con sombra frente a la estatua del caballo, me senté en él, y un abuelo sentado a mi lado, me saludó, le respondí, me preguntó como estaba. Corría un viento agradable, y como de costumbre comencé a mirar a la gente, habían unos tipos de mi edad bajo el caballo, aparentemente esperando a alguien, habían heladeros, parejas paseando, amigos que se dirigían a una discoteca cerca de la plaza, familias, delincuentes esperando a robar, gente con trajes de oficina, supermercados, tiendas, mucha gente con bolsas, personas solas, personas acompañadas, abuelos sentados en las bancas que están repartidas por todos lados, mucha vida social. Llamó mi atención un grupo de hombres y mujeres de unos 17 a 19 años, universitarios (lo sé porque generalmente alcanzo a reconocer a jóvenes, y a “jóvenes universitarios”) (…)

 

Carta de una mujer maltratada
Por Pollito

Te digo adiós, si aun te quiero todavía, te digo adiós, porque no hay nada en esta vida que me haga volver a amarte, te digo adiós, porque tú ya no me sirves, te digo adiós entre gritos y peleas, encuentros y desencuentros, dolorosas despedidas cada día, diciendo que nunca volveremos, para el día siguiente volver a amarnos y pelearnos.

Te digo adiós, pues no me creo capaz de soportarte, te digo que hoy cambiaré mi camino, para poder cambiar mi destino. Te digo adiós sabiendo que mañana volveré a ti, para amarnos y pelearnos. Te digo adiós, sabiendo que aún te amo, y son tus manos las que me impiden dejarte, te digo adiós, sabiendo que mañana volverás y me pedirás perdón por cada golpe, te digo adiós, sabiendo que volveré a caer en ti, te digo adiós sabiendo que para mí quizás no habrá mañana.

 

Fragmentos de la novela inédita Gardenia y Kei
Por Sakiko Kazuno

Comenzaron los talleres extra-programáticos, no quise entrar en ninguno, hasta que vi el anuncio de un taller poético o algo así, me gustó la idea de algo nuevo, algo diferente, así que me anoté.

Al llegar la primera clase, noté que no se encontraba en él los típicos “cerebritos”, como pensé, al conocerlos un poco mejor, me sentí bastante cómoda, ya que eran chicos y chicas como yo, con sed de algo nuevo.

Camino a la segunda clase me encontré con unos compañeros, nos habían dado la tarea de escribir un poema, así que hablamos de eso. Por algún motivo al acercarnos al salón mi corazón se iba acelerando cada vez más, sabía que ocurriría algo que la hiciera emocionante.

Al llegar al salón, no noté nada diferente, lo que me desilusionó un poco, así que me senté con mis compañeros y nos pusimos a hablar de lo bien que la pasamos en la clase; al llegar el profesor noté que hablaba con alguien… con… ¡¿Kei?!... mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido. Al comenzar la clase, el profesor presentó al “nuevo compañero”, quien al verme se sentó junto a mi.

El profesor nos preguntó si habíamos hecho la tarea, obviamente todos la hicimos, aunque no nos creyó. Desconfió tanto que nos probó; nos hizo leer el poema uno a uno, cuando llegó mi turno, mi pobre corazón casi saliendo por la boca, el pobre ha sufrido mucho desde que conoció a Kei… leí:

- Se llama “Al verte”… ¿Si? – hubo un silencio espantoso, me puse cada vez más nerviosa – Bueno, comenzaré…

“Desde la primera vez que te vi
sentí como la felicidad volvía a mí,
cada vez que me miras
mi corazón comienza a latir,
el tiempo se detiene
al cruzarse nuestras miradas.

Al verte
la realidad desaparece,
al acercarme a ti
mi blanca tez
se tiñe de rosa
y una dulce canción
suena a nuestro alrededor”

 

Fragmentos de la novela inédita
Por Uiko Nicole

(...)se acerca la hora de educación física. Franell como siempre participa activamente de las clases; mientras juegan voleyball accidentalmente cae la pelota afuera de la cancha, entonces Franell y Susan, de equipos contrarios, van a buscarla. Existe una pequeña frialdad de parte de Susan, ya que está herida en sus sentimientos(...)
Susan quedó sola en las regaderas, se agachó mientras el agua roció su cuerpo, lloró en silencio. Franell entró a los camarines porque se le olvidó algo y sintió el correr del agua en las regaderas.
- ¡Qué desperdicio de agua!- se habló a sí misma, y luego entró a las regaderas, se encontró a Susan cubierta con sus puras alas blancas.
-¡Tontita! Murmuró Franell, con un tono cariñoso, sobándose las sienes. Se dirigió a susan cerrando la llave de la regadera.
Se agachó, quedando frente a Susan, y entreabriendo sus alas le dijo dulcemente:
- Pescarás un resfriado...
- Franell..¡Franell!- Se abalanzó sobre ella, haciéndola caer.- ¡Perdón! Te amo...¡TE AMO!-
Entre sollozos sólo repetió ¡Te amo! - ¿En cuántos segundos me di cuenta que Susan estaba desnuda? - Se preguntó Franell- Hasta que sintió los cálidos labios de Susan sobre los suyos. - ¿Hace cuánto tiempo que no me besas así?- Franell se dejó llevar, era primera vez en tanto tiempo que se ruborizaba.
Susan quedó hincada, dándose cuenta que había mojado a Franell y Franell estaba más roja luego de ver el cuerpo desnudo de Susan con deseo; Susan de nuevo estaba sobre Franell, ella no quería parar y desabotonó la polera de ella, mientras lamía su cuello, Franell tomaba la pequeña cintura de Susan (...)