|
“Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos…
…Hemos sostenido desde hace tiempo, que dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación.”
CHE- Tricontinental
Preludio
Es el antisujeto quien resiste a la inevitable caducidad, produce cambios de forma que son posibles sólo desde la prorroga y la dilación del salto y no como eliminación definitiva de las condiciones históricas para éste. Ese aplazamiento no tiene más forma y contenido que la guerra, la guerra infinita, contra Satán, los herejes, los comunistas y los terroristas, es ese su instrumento; la barbarie por la permanencia en nombre de la libertad y sobre el cadáver de su democracia, sobre los restos mismos de su origen, ellos son la negación del fuego, son desde ya la ceniza.
Si al marxismo le aportó de manera definitiva rescatar de la dialéctica hegeliana, la transformación y la superación, es decir su componente revolucionario, el intelecto de la caída representado por Weber y Parsons, vio posible llevar a la realidad el lado reaccionario de Hegel, la permanencia, el no cambio, anunciaron la mucha sombra, el movimiento trágico de un sistema que se reacomoda infinitamente a pesar de las crisis. Escogieron la visión irracional de Hegel; el Sistema y desecharon la ley también hegeliana de- Negación de la negación- no por negligencia sino por un ineludible interés de clase.
Ese abismo hegeliano tiene como efecto la pretensión de un sistema perpetuo, de una inmortalidad vampirezca, ya que la prolongación de la existencia del capitalismo, se hace a costo de los seres humanos y de la vida en el planeta, es esa la manifestación más clara de lo que significa su algarabía de progreso, es solo un ascenso de la avaricia, algo contrario al desarrollo y al avance revolucionario que no es el simple cambio sino la transmutación.
De allí que la ciencia que propende por la permanencia bajo el antifaz del equilibrio, sea sustento de una cultura irracional cuya conclusión siempre será el cruento fin de la historia y por tanto la guerra perenne.
1.
La historia; inagotable camino de revoluciones, porque la naturaleza del hombre es incendiaria, aunque el fuego sea aún más remoto la humanidad lo dotó de conciencia, lo hizo insurrecto, lo perpetuó junto con su rabia y soledad en impetuosas fogatas neolíticas, de la danza nocturna hizo brotar el círculo y cuando el respiro gélido de la tierra se detuvo; niños calidos brotaron del hielo.
El ardor de nuestros pasos milenarios, jamás encontrará el punto culminante de la historia, todo dogma es humo, historia calcinada. Porque la historia es urgencia intacta y aún más, insurgencia inextinguible. La insurgencia de lo nuevo es urgencia porque es necesaria.
Pero lo nuevo y lo indeterminado no son análogos, la imprecisión no es liberación sino una cárcel que no admite propagarse más allá de la fatalidad, lo incierto es la antípoda de la libertad humana y los mensajeros de la fatalidad, son fuerzas que propenden por la rienda o por el retroceso, las huestes fascistas embisten desde la guerra que anexiona, para minar cualquier resquicio de alternativa, son resistencias transportadoras de lo precario pero con la más calificada tecnología militar, son portadoras del más tecnificado arsenal que pretende apertrechar lo digno de perecer .
Para hablar de esas fuerzas habría que llenar folios extenuantes, porque también le tenemos una historia al axioma del fin de la historia, porque “ La verdad no triunfa jamás, pero sus adversarios acaban por morir” .
Los principales dilatadores, los eminentes cuidadores de lo que existe, los que no encienden el fuego ni lo aniquilan, los que llanamente lo dejan fallecer, son los reformistas, Trosky afirmaba rotundamente: “ El reformismo es criminal, aumenta y desplaza en el tiempo el sufrimiento de los pueblos”.
Esto es claro, lo vemos todos los días en estos seculares tiempos de anexión global , e l reformismo quiere un comunismo de Estado, un socialismo anquilosado, un capitalismo pero no neoliberal, un capitalismo nacional pero no transnacional, es decir quiere un mundo diferente pero no distinto y mientras su sueño se estrella contra los muros de la historia ya ha corrido mucho tiempo, mucha sangre, indescifrables repeticiones, invisiblizadas masacres y las bombas se han vuelto “inteligentes”. Hoy el prestigioso mago no solo no puede sino que no quiere controlar las fuerzas frenéticas que ha desatado, ahora un solo hombre lánguido y oscuro puede oprimir el botón nuclear con la misma frialdad con que una enfermera de Angola desabrocha el de su bata blanca.
La fuerzas pretendidamente ahistóricas, substituyen la historia con tecnología militar, por eso su caída es más palmaria que lo que fueron sus relámpagos de ascenso. Siempre pesará más la bomba de hidrogeno que el descubrimiento del corazón del átomo, el gran hallazgo así y en esas condiciones fue solo una violación, el lapso en que la muerte comprendió el origen de la vida y afiló su guadaña.
Por eso los grandes atributos del kapital se verán cubiertos por las nueves de uranio empobrecido. No hay enmienda, la decadencia no es un capricho es ley natural y la guerra no es ley natural es la manifestación artificial de la perpetua lucha, del perpetuo encender el fuego, es la chispa de la fricción del pasado con el futuro.
La prueba es el callejón sin salida que significa la negación del conflicto que esta estrechamente ligada con el sofisma del fin de la historia. Supuesto histórico sugerido por todo sistema una vez se haya en crisis fundamental; lo que no es de extrañar, ya que la negación de la historia conlleva a la afirmación del sistema. Esto hace parte de su misión histórica, esta negación, está inmersa genéticamente en la ideología de clase. La negación que efectúa una clase respecto del conflicto y de la historia, materializa la conciencia de la clase que es negada por la historia misma y condenada a ser la parte negativa del conflicto.
No obstante la negación de la historia no es simplemente un hecho que se desenvuelva en el campo semántico como manifestación de los fundamentos ideológicos de esas clases que declinan, sino negación del movimiento, de la transmutación, del fuego, es el aniquilamiento del sujeto revolucionario.
Pero la trampa esta ahí, todo conflicto es su afirmación y su negación; es lucha de clases-, y negar el conflicto es afirmarlo ineludiblemente, de la misma manera que negar la dialéctica sólo nos envuelve más en su perpetuo movimiento.
Estas trampas de la historia se ejemplifican allí donde las huestes de la permanencia niegan el conflicto pero invierten millones de dólares diarios en él, mientras tanto millones de refugiados sin refugio, millones de campesinos trashumantes, millones de elegantes desempleados que llevan bajo el brazo el resumen de su vida, de su mala vida, el compendio de su esclavitud. Mientras tanto a la clase media solo le vasta con quitarse la corbata para mostrar la hora de su extinción, su fusión con el mundo, con el planeta miseria.
Es asombroso ver las calles colmadas de personas, todas agitadas, caminando por la aceras infestadas de desempleados que venden cualquier cosa y de gente desempleada que solo puede comprar cualquier cosa; son los lujos de la pobreza.
Ese remolino de nómadas excluidos que caminan trémulos, jadeantes, esquivando a las personas como si fueran a una cita inaplazable, solo van a sentarse al parque y a las seis de la tarde envueltos por el nostálgico crepúsculo, se derrumban en los escalones de la plaza de las grandes ciudades agobiados y dolidos, envidiando a las palomas.
2.
La historia niega al Sistema y a la clase que lo representa pero entonces el Sistema niega a la historia y al sujeto que la revela.
Pero quien hace la guerra para detener la historia y así perpetuar su ignominia política, impregna ineluctablemente en el rostro de sus soldados la mirada de quien esta hecho para matar e imposibilitado para vencer.
El soldado que no va a la guerra por ideales ni demandas políticas, el que lo hace por un salario, es un obrero cuya mercancía son cadáveres, no es un guerrero es un necrofilico.
Un obrero enfermo al que también su producto se le enajena, no logrando poseer ni el cadáver ni mucho menos la muerte. Por eso es atroz porque ha falta de asir la muerte sólo puede matar, porque el matar por matar no es acción de la muerte es sólo la inicua negación de la vida.
Equivocado esta entonces cuando cree que la masacre, su particular producción en serie, le permitirá poseer la muerte, porque sólo logrará ser poseído por ella, que se le aparecerá en forma de derrota y no la reconocerá, como quien gasta su salario comprando el producto que ayudó a producir.
3.
El signo de la declinación, de la reacción es la tragedia y esta no reside en el hecho de cargar eternamente con un destino que radica en no poder llegar nunca a él, sino en la conciencia que se tiene de dicha situación, es una desilusión, y al igual que lo trágico, el fascismo es material y espiritualmente suicida.
La reacción conoce pero no transforma la situación, a lo sumo creará insustanciales estrategias para apaciguar el proceso, es decir su propia muerte, pero no cambiará la realidad. El fascismo es la manifestación más violenta de lo que declina, es la política de lo caduco, la política que niega toda política.
El hombre es libre porque se sabe superado por lo perdurable, por lo persistentemente renovado, es decir por su propio ser social. Pero el ser trágico escoge la ceguera a la liberación, porque la independencia duele y no hay peor sufrimiento para el esclavo que la emancipación.
Es un miedo, una melancolía ancestral; así siente el esclavo cuando presiente la libertad, le da temor y hará lo que este a su alcance para atarse aún más, su esclavitud no le permitirá reconocer el futuro, su amo tampoco.
Pero lo que no sabe el esclavo es que ineluctablemente desciende del terremoto y de la convulsión. Por eso un sueño lo persigue, un sueño intenso más no pesadilla.
El hombre es síntesis y se desenvuelve no en el circulo sino en la espiral, un circulo en ascenso, que requiere de él para remontar, así la especie supera la tragedia y el pavor, emancipando la desesperación que es movimiento humanizado. Mientras el fin del fascismo es el sepulcro, la revolución hace del sepulcro una trinchera.
Es esa la diferencia que hace que el soldado de la permanencia sea solo el oráculo de la derrota final, aunque la muerte, la guerra y la tortura acudan como dilatante de tan oscuro destino.
4.
El eslabón verdadero entre el hombre y el simio más que la conciencia de la muerte; paradigma antropológico que ha reducido el tema a los funerales; es la conciencia de la vida, de allí el arrojo, porque rompemos con el destino, el mismo que nos impone la religión, somos el quebranto de la línea recta, círculo que escala, somos demonio.
Pero el arrojo es algo disímil a la aventura, la aventura es vivir el camino de manera estrafalaria o excéntricamente, la aventura es la alienación de la práctica, el opio de la acción, es lo que la religión para Marx; “ el suspiro de la criatura agobiada”.
El arrojo no tiene nada que ver con el no pensar, con cerrar los ojos y lanzarse, es por el contrario la explosión que se desencadena después de la reflexión, y su violencia revolucionaria radica en que es el resultado de una colosal acumulación de fuerzas, de apetitos, rabias y estrategias milenarias.
Interludio
Para quienes pretenden frenar la revolución; vencer siempre será la utopía (un fin sin medios) de eliminar la guerra,- no sus causas,- en últimas su propósito es eternizarla, cavar su propio sepulcro; la guerra será el único instrumento que amortigüe su imposibilidad de afirmarse desde la política.
Mientras para el revolucionario la guerra es extensión dolorosa pero ineludible de la política, para las fuerzas fascistas la guerra es la única política, la guerra en ellos es la negación de la audacia. Por lo mismo, mientras las fuerzas revolucionarias combinan formas de lucha, la reacción lo máximo que hace es militarizar la política.
Para acabar la guerra se deben superar sus causas y para conferirse tal victoria se debe ser sujeto de dicha superación histórica, por eso la reacción nunca triunfará, por que la superación de dichas causas implica la superación de ella misma como clase.
Superar las causas de la guerra desde la perspectiva de la clase dominante y en declive, sería perder frente al enemigo, frente al sujeto revolucionario; manifestación urgente e insurgente de la historia- porque la naturaleza de la reacción es la negación de toda acción política, de toda actitud y acción transformadora. Si existe el mal, es este; ir contra las leyes de la naturaleza, aún conociéndolas.
La naturaleza es revolucionaria y tiene sus propios mecanismos primigenios para prescindir de Dios y del reino de la permanencia. Porque a quien niega la transformación radical, el cambio de raíz, solo le quedará barrer con las hojas, hacerle el favor al otoño, pretender aniquilar al sujeto, contando como argumento con la inútil negación del movimiento, el que más temprano que tarde se impone a las negaciones porque es emisario de los tiempos, herencia incandescente y heroica de las turbulencias de la tierra.
1.
Hoy el capital suprime y desecha al ser humano del trabajo, el imperialismo hoy es un productor de ejércitos globales de desocupados, hambrientos y abatidos por la miseria, situación que aprovecha para ofrecer salarios paupérrimos, anunciando así el regreso a la esclavitud sin disfraces, es decir a una esclavitud premoderna, a pesar de que los sustentos ideológicos y epistemológicos de dicha premodernidad se presenten hoy al mundo como pensamiento posmodernista, cuando dicho pensamiento postmoderno solo es posible en una sociedad postcapitalista.
Se mimetizan en el siglo, tras bambalinas tecnológicas, nos hablan de nueva era, pero el tiempo nuevo es nuestro, se disfrazan con palabras consoladoras para el mundo pero vierten sus flotas de la muerte amenazantes…
Evocación
Siglos antes Quesada, Pizarro, Cortés y Valdivia están en un alto descansando un poco para continuar la santa masacre. Cada uno sentado en una roca. Divisa embelesado el paisaje. Apenas esta iniciando el atardecer y cientos de aves iluminan con sonidos las selvas y montañas del territorio Muisca, del Cuzco, Tenochtitlán y la tierra de Lautaro. Los conquistadores arrancan lentamente una ramita de hierba y se la llevan a la boca, mientras piensan:
Ahora tú y yo estamos subidos / Sobre este montón de muertos/ Desde esta altura nos emocionamos/ al ir desapareciendo las fronteras.
Entonces desearon también llevarse el canto de las aves, los cientos de perfumes de los árboles y la libertad para venderlas en Europa.
Desde allí la libertad había sido desecha, el ritmo natural de la vida quebrantado por el reloj gregoriano y las cadenas. La esclavitud duraría por muchos siglos.
Los recibimos con papagayos de esplendidos colores y ellos nos mostraron el filo de su espada. Les ofrecimos nuestra desnudez y ellos usaron el látigo. Son los hombres que recogen piedras, los que matan por el oro, el que parecía brotar como lo hacen los helechos en tierra húmeda, el oro que se fecunda todos los días con el alba, porque el oro es el sol que no se oculta; hoy yace fundido y encerrado en lúgubres bóvedas, la tierra ha quedado vacía y oscura; su luz interna esta prisionera en los bancos.
Somos hijos de la violación y el destierro, somos mitad jaguar que mira entre las hojas y mitad venado que mueve sus orejas en todas las direcciones.
A los pueblos de América, llegaría el tirano, las barbas penitenciarias que habían inventado la espada y el perdón.
Incontables hogueras se encendieron, alimentadas por el fuego de los libros. Un humo con letras calcinadas recorrió el continente. Aquí tuvimos nuestra propia Alejandría; y fue como esta devorada por las llamas delirantes del fanatismo. Trescientos libros mayas, incomprensibles para analfabetos e ilustrados europeos que frente a la matemáticas y las ciencias de nuestros pueblos solo atinaron a señalarlos de oscuros tratados de brujería.
Pero nunca se perdió el rastro, los libros se perpetuaron en las pirámides de escalones infinitos en Teotihuacan, también en las efigies vigilantes de Tiahuanaco, en la ciudad de piedras ígneas y quenas de los Andes; Machupichu, Nazca y sus sueños aéreos, Nazca y la síntesis de la geometría natural, también en San Agustín con sus rostros milenarios. El rastro esta en las bases piramidales.
Los saqueadores querían llevarse todo; pero no se llevaron nada, porque todos los rescoldos están acá, ahora, enfurecidos y naturales, el oro exige volver a la tierra de donde fue usurpado, quiere regresar a las manos que lo emancipaban en popóros, en el arte primigenio, donde la metáfora aún brotaba oliendo a fango y a fuego.
Por eso cuando, Tizquezusa preguntó; “¿vos que tomas y traes a la aves que por el aire van volando. Y los venados, que en la tierra por su mucha ligereza, no hay animal que se le compare. Y además tomas en las manos otros muchos animales de ferocidad sin igual. Vos no sos tan poderoso ahora, para terminar con ese pequeño número de extraña gente que por mi tierra tan atrevidamente se meten? Sujétalos presos hasta aquí . Tizquesuza le rogaba a su dios, es decir a su gente, al pueblo Muisca.
En otras latitudes también, Caonabo y Gunacarí comenzaron a tejer esa mochila continental que tiene forma de espiral de muchos colores. Ellos ofrecieron su grito y su lanza libertaria en América, demarcaron la senda de un pueblo que se niega a morir; Tecum-Uman, Lautaro, Zumbi, Anacaona. Fueron convertidos en árboles milenarios o fueron solo piedra en el camino de una sociedad de verdugos edificada con la sangre de los que nunca han soportado ser esclavos; dicen que cuando Tecum-Uman cayó muerto en manos de Alvarado, también cayo un águila y un Quetzal; “esclavos de nuestros suelos, solo nos queda morir, más la esperanza no muere, volveremos ha vivir”.
Miles de hombres, mujeres y niños de América entera bajaron de las montañas; “somos más que ellos y los podemos derrotar ”, insistía Caupolicán mientras hablaba a otros líderes indígenas buscando la unión de sus pueblos contra el invasor. El Inca también resiste y se deja oír: “ Ladrón/ como zorro; como tortuga,/ cobarde./ no es valor pelear ocultando el cuerpo./ descubre tu pecho / y entonces veremos qué alma templó mejor el sol”
Mucho más al norte Cuauhtemoc organiza un gran ejército que saca a los españoles de su territorio, en contra de los deseos de Moctezuma especialmente servil con los europeos.
Caupolicán y Lautaro lucharon juntos en el día y mataron a Valdivia y a muchos conquistadores y a otros tomaron prisioneros y como nos recuerda Kintto Lucas: “ en la noche, los mapuches vistieron las ropas de los vencidos, abrieron la boca del jefe enemigo y le hicieron comer tierra mientras le repetían: "Quieres oro, hártate de oro"
Desenlace
Hoy los invasores han perfeccionado sus métodos, pretenden mandar sobre la tierra y los genes “descubiertos” y decodificados, también sobre el aire y el agua. Hoy la tierra se ha convertido en una enorme cárcel de las manos y los espíritus.
Se escucha el aviso de emerger nuevamente para liberar la tierra profanada por el real y el dólar. Hoy cumplimos nuestra propia profecía. Iniciamos la recuperación del mundo, su colectivización, su disfrute por todos. El dios iracundo de los europeos, es el mismo dios del imperio, de la acumulación y el hastío.
Hoy, el grito es la fuerza de las gargantas, mulatas, mestizas, zambas, negras, blancas, amarillas y rojas. La voz de Anacaona y la de Agueybana, Guaicaipuro y Tupac-Amarú; es el Cantazo de la especie humana. Hoy emerge nuevamente lo ocultado, brota como el maíz en todo el continente, hay que recuperar el mundo, porque esta en peligro la especie, porque los europeos; portadores del sangriento capital, poco nos dejaron a no ser la sífilis incubada en las cárceles y palacios de Castilla, una religión opiácea y asesina, enajenada y esclava, un tiempo diferente y opresor, un ciclo histórico bautizado por la muerte, nos dejaron también la cruz que es espada y que hoy continua por todo el planeta bendiciendo antes de matar.
Hoy el movimiento se impone, pero; “ la revolución a medida que avanza engendra una contrarrevolución fuerte y unida” . Por eso la única forma de enfrentarla es profundizando el proceso revolucionario.
Hay que estar preparados Colombia; hay que prever la insurrección antes de que estalle. Los verdugos también la presienten, los que se pretenden resurrectos, el soldado, el teniente, el ganadero, el mafioso, el presidente, el ministro, el prelado, sueñan el mismo sueño del hombre, pero en ellos es pesadilla, en la que sienten caer por el abismo de un pozo forrado de paredes rojas y vociferantes y cuando quieren despertar no pueden, gritan desesperados y sus cómplices esposas los calman con desprecio.
En Colombia la revolución es y será; es invisible, asecha para no ser aniquilada. El continente se alista para la gran batalla y se arma del pensamiento que transmuta, que enciende los hornos martianos: “Es lícito y honroso aborrecer la violencia, y predicar contra ella, mientras haya modo visible y racional de obtener sin violencia la justicia indispensable al bienestar del hombre, pero cuando se está convencido que por la diferencia inevitable de los caracteres, por los intereses irreconciliables y distintos por la diversidad, hondo como la mar de mente política y aspiraciones no hay modo pacífico suficiente para obtener siquiera derechos mínimos en un pueblo donde estalla ya, en nueva plenitud la capacidad sofocada-o es ciego el que sostiene, contra la verdad hirviente el modo pacífico; o es desleal a su pueblo el que no lo ve y se empeña en proclamarlo”. . Esto hace parte del pensamiento emancipatorio propiedad de la humanidad, herencia del fuego de la especie pero no en el marco de la ambigüedad de un pensamiento absolutamente propio, que lleva en ocasiones a que se olvide que en Oriente también se construyen pensamientos occidentalistas y colonizadores y que en Occidente se crean corrientes liberadoras anti-occidentalistas, o como lo vemos hoy en día, el Norte (innegablemente occidentalista) se construye muchas veces con la colaboración de intelectuales del Sur. Porque el imperio sigue ahí y globalizado, en occidente, oriente, el sur y el norte. El imperio tan caduco pero tan campante, irrumpe envejecido, violentamente se derrumba sobre los pechos de América, se hace sombrío con careta de cambio, pero es lo mismo, el idéntico afán que expolia y mata, la misma pólvora envilecida, la misma cruz que atraviesa el corazón de la tierra, quizás tenía razón la modista de Maria Antonieta “no hay nada nuevo, salvo lo que se ha olvidado”.
Fuego somos y en fuego nos convertiremos, es nuestra flamígera herencia, pronto descubriremos el gen de la insurrección incrustado como el barro en la los pies del campesino, más temprano que tarde un rotundo estallido será resonancia de millones de gritos distintos, volverán los oros viejos, volverán los recuerdos de la congoja del espacio, los secretos de la urgencia del tiempo. Ya sabemos de la vocal del trueno, del sudor del magma hirviente, del blanco fósil sereno. Herederos somos del incendio, de la caverna donde germina el estremecimiento, legatarios de la gruta volcánica en la que se anuncia la convulsión.
Que importa la tormenta la nube gris. A quién interesa el rayo hiriente, si sabemos lo exacto acerca de erupciones, estallidos y sombrías resonancias. Ya no olvidaremos nunca que antes del ángel caído cayó la catarata y que antes del hombre y la piedra tallada; la mariposa nocturna desde las rocas petrificadas divisó las estrellas.
Notas
Herminio Almendros. Oros Viejos. Caupolicán. ED. Gente Nueva. La Habana. 1974.
Kintto Lucas. Rebeliones indígenas y negras en América Latina. Quincenario Tintají 2004.
Jorge, Zalamea. Lenguajes y Palabras. Textos aborígenes. ED. Trotamundos. Colombia. 1983
Leonard Cohen. Flores para Hitler. Versión de A. Resines. Colección visor de poesía. Madrid. 1981.
Martí. J. Biografías. Ediciones Ministerio de Cultura. Ciudad de la Habana , 1979.
Marx, C. tomado de, La insurrección y la lucha armada. Lenin. V. I. Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín, 1975.
Plank , I, tomado de. El retorno de los brujos. Bergier Jacques. ED. Plaza y Janes, s.a., Editores. 1973.
Trotsky, León. La lucha contra el Fascismo. Fundación Federico Engels. 2004.
Plank , I, tomado de. El retorno de los brujos. Bergier Jacques. ED. Plaza y Janes, s.a., Editores. 1973. p.68
Trotsky, León. La lucha contra el Fascismo. Fundación Federico Engels. 2004. p.114
Leonard Cohen. Flores para Hitler. Versión de A. Resines. Colección visor de poesía. Madrid. 1981. 45
Kintto Lucas. Rebeliones indígenas y negras en América Latina. Quincenario Tintají 2004. p. 35
Ibid., p. 46
Herminio Almendros. Oros Viejos. Caupolicán. ED. Gente Nueva. La Habana. 1974. p. 15
Lenguajes y Palabras. Textos aborígenes. Versión de Jorge Zalamea. P. 69
Kintto Lucas. Rebeliones indígenas y negras en América Latina. Quincenario Tintají 2004. p. 72
Marx, C. tomado de, La insurrección y la lucha armada. Lenin. V. I. Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín, 1975. p. 70
Martí. J. Biografías. Ediciones Ministerio de Cultura. Ciudad de la Habana - Cuba, 1979. p. 31
|