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Yo no protesto por migo
porque soy muy poca cosa
reclamo porque a la fosa
van las penas del mendigo
Violeta Parra
Durante mucho tiempo la obra poética de José Ángel Cuevas ha sido vinculada con la recuperación de lo que se ha dado en llamar la “memoria histórica reciente” de nuestro país. Rótulo eufemístico para referirse al período comprendido entre el Golpe de Estado de 1973 y la posterior dictadura, hasta el plebiscito de 1988. Desde el retorno a la democracia ha ocurrido también un proceso sociocultural no desprovisto de tensiones, en el cual variados discursos han entrado en pugna por establecer también diversas “verdades” con respecto a dicho período.
Más allá de los nombres, lo que ha ocurrido en torno a la poesía de Cuevas es que se la ha encasillado rápidamente en una lectura de dirección única, marcada precisamente por considerarla ligada, de manera exclusiva y excluyente, a lo que el crítico Ignacio Valente ha llamado el trauma del 11 . Por supuesto, es innegable que el constante punto de referencia para Cuevas es el fracaso del proyecto socialista en Chile, o mejor, el aplastamiento internacionalmente orquestado ante el cual sucumbió. Sin embargo, la obra de José Ángel Cuevas presenta muchísimos matices, marcados por las complejas relaciones del individuo consigo mismo y con la colectividad, por lo que leerla solo como poesía política o poesía de la nostalgia resulta en extremo reduccionista y sesgado. En el transcurso de este ensayo, esperamos dar una mirada que contribuya a ampliar las posibilidades de lectura en torno a la obra de José Ángel Cuevas. Para ello nos proponemos revisar una amplia gama de poemas, publicados entre 1979 y 2007, en los cuales se intentará ver el funcionamiento de dos procedimientos textuales en particular: primero, la relación del individuo con la colectividad y, en segundo lugar, la forma en que el hablante de estos poemas deja su marca al interior de las imágenes que construye, como una forma de habitarlas y apropiarse de los lugares, tanto referenciales como textuales.
Como una primera forma de acercarnos a la poesía de José Ángel Cuevas, debemos considerar que el autor se ha denominado a sí mismo ex-poeta . Este gesto viene a enmarcar toda su producción reciente. Por supuesto, no significa que el autor haya abandonado su actividad. Es más bien todo lo contrario y se relaciona con la radicalización de una postura central en la poesía de Cuevas. Dicha postura tiene que ver, por una parte, con el profundo desacuerdo respecto de los procesos sociales, políticos y culturales que vive nuestro país y, por otra, con el cuestionamiento de si es posible escribir poesía en el Chile actual. La denominación de ex-poeta aparece por primera vez en 1992 en el poemario 30 poemas del ex poeta , en directa oposición al discurso de olvido y amnistía que la Concertación intentaba promover. En el poema Mayoría silenciosa y única podemos leer acerca de la situación de Chile:
es un pueblo desmoronado
la historia de unas personas
en silencio que quemaron
todas sus fotografías
Vemos aquí que el uso de la expresión unas personas nos habla de una indefinición. La ausencia total de cualquier marca personal evidencia el silenciamiento, que se manifiesta en el acto de quemar las fotografías, es decir, en el intento de borrar todo lo que pueda servir para recordar . De ahí que la adopción del prefijo “ex” sirva para destacar este proceso de silenciamiento, donde el poeta es uno más de ese pueblo desmoronado , una entidad colectiva cuya voz se borra del discurso oficial. Por lo tanto el poeta, como parte de esa colectividad, tampoco tendría voz. Se resiste al silencio, no se conforma simplemente con enmudecer, pero tampoco puede pretender que las cosas no han cambiado. Se constituye entonces en la contradicción de ser una voz silenciada, una voz sin voz , se convierte en un ex poeta .
Es este punto de tensión entre pasado y presente lo que tal vez ha llevado a muchas personas a hacer lecturas reduccionistas de la obra de Cuevas. No decimos que su trabajo carezca por completo de momentos de nostalgia, rabia y desencanto, palabras que frecuentemente se utilizan al momento de buscar los calificativos para la poesía de José Ángel Cuevas. Lo que queremos hacer ver es que, justo en el punto de tensión mencionado, es donde se articulan los conflictos de una individualidad inserta en un entorno cada vez más hostil, pero que lucha constantemente para no ceder al desmoronamiento final:
Me asaltaron en el Parque Bustamante el mal día que me quitaron la plata que había ganado después de un año de cesantía (…)
Todo ha crecido como maleza
y las viejas casas van al suelo por las inmobiliarias hijas de la grandísima Paz Froimovich
En estos versos puede verse claramente la relación de conflicto con el entorno, tanto en lo social como en lo físico. Socialmente la ciudad se presenta violenta, delictual; el hablante declara que me asaltaron . Físicamente la ciudad se presenta como un caos permanente, donde el Santiago antiguo, formado por barrios de viejas casas , cede rápidamente ante la constante conformación de una nueva fisonomía, más “moderna”, pero también más uniforme y uniformadora. Es como si la ciudad quisiera borrar de sí misma cualquier marca que le recuerde lo que fue no hace mucho, y también lo que ha ocurrido en sus calles. Es en este terreno movedizo donde el hablante de los poemas de José Ángel Cuevas tambalea constantemente, tratando de mantener el equilibrio. Por ejemplo, en el poemario Maxim, carta a los viejos rockeros (2000) se incluye el poema Proyecto de país , donde se evidencia este mismo caos, pero en un tono más bien introspectivo, de reflexión sobre la relación individuo/sociedad:
uno que fue chileno
ya no es nada (…)
El país es un inmenso texto
que los posmos van a deconstruir
Existe entonces el caos externo, pero existe también el convencimiento de haber pertenecido a un país que desaparece. Un país que, como un texto, se reordena, se edita, se corta y se pega, quitando de sus páginas lo que pueda resultar desagradable o molesto. En este poema vemos también la creación de una entidad colectiva otra , los posmos , que el hablante utiliza para situarse por oposición y emitir con mayor claridad su discurso. Es decir, los que van a deconstruir este texto llamado Chile son ellos . Dicha colectividad se contrapone a un nosotros discursivo donde se inserta el yo del hablante. Se muestra aquí la oposición entre los que soñaron un país que para el hablante ya no existe y los que retornaron del exilio para asumir la dirección de este nuevo país, o como lo llamará el mismo Cuevas, el Ex – Chile . Es entonces cuando Cuevas hace más evidente la distancia entre el país que Chile era y el país en el que se está transformando:
los lugares vacíos de los posmos
se pierde la historia de chile chico
Sigue aquí la lógica de la fotografía quemada, de la casa antigua que va al suelo, pero esta vez se atribuye estas acciones a un sujeto colectivo que establece nuevos parámetros, nuevos lugares discursivos, desde donde la historia de chile chico , esa historia y ese país con minúsculas, es borrada y reemplazada. Sin embargo, los lugares de los posmos , sigue el hablante, están vacíos . Este juicio valorativo opone directamente al sujeto hablante con el entorno social y político, ya que atribuye a los otros una vacuidad que bien podría leerse, a la luz de la obra de Cuevas, como un mero juego de formas, un simulacro posmoderno donde no importa más que lo actual, donde la memoria se borra por constituir una especie de lastre para la reconciliación y el “desarrollo”. Como puede apreciarse, el referente extra poético de Cuevas es aquí, más que la nostalgia por el pasado, un conflicto con el presente, con el país en sus más variados aspectos. Es en ese presente donde el hablante delata las tensiones, ambivalencias y contradicciones que marcan su discurso. Por supuesto, muchas de sus posturas tienen que ver con la experiencia de haber participado en los grandes cambios sociales de Chile en los '60 y '70, de lo cual se deriva la postura moral de Cuevas, pero también dice relación con la desaparición de conceptos muy arraigados, como por ejemplo la noción de pueblo y su reemplazo por un léxico en apariencia menos cargado ideológicamente, más acorde con los procesos de la globalización.
Hemos visto que, en el trabajo poético de José Ángel Cuevas, el hablante se constituye como un sujeto en un permanente conflicto, donde la relación individuo/colectividad resulta tensa y contradictoria, inmerso en un escenario físico y social caótico que parece descolocar al individuo, o más bien dislocarlo , sacarlo de su lugar habitual, sin permitirle el desarrollo del más mínimo arraigo. Pese a esto, en la poesía de Cuevas puede encontrarse un procedimiento que a la vez denuncia y combate esta situación de constante derrumbe y reconfiguración del medio. En muchos de sus poemas el autor presenta situaciones, casi siempre cotidianas. Sin embargo, está lejos de buscar el objetivismo en la construcción de sus imágenes. Al contrario de lo que ocurre en obras como La Ciudad , de Gonzalo Millán, donde el ojo del autor se oculta tras un velo de objetividad, reduciendo así la distancia entre el lector y el objeto, en el caso de Cuevas el procedimiento podría calificarse como un intento – a veces desesperado- por habitar las imágenes que presenta. El hablante intenta anclarse a su discurso de manera visible, emotiva, tal vez como una estrategia para combatir los mismos procesos de borrado y aniquilación de la memoria que quiere denunciar.
Aunque podemos encontrar ejemplos de este procedimiento en toda su producción, probablemente el ejemplo por excelencia sea Introducción a Santiago (1982), donde el hablante no solo recorre toda la ciudad, sino que en ese caminar se va apropiando de cada lugar que visita, de cada rincón en el que se oculta para pasar la noche, de cada bar en el que los ciudadanos tratan de olvidar sus penas. En este caso, el sujeto que deambula se apropia, en primer término, de la ciudad de Santiago, en cuanto es un nombre y un espacio, un referente reconocible para el lector:
Sí,
soy de Santiago, aquí nací un día de primavera cerca de Bellavista
Y viví en Rosas con Teatinos
Jugué en la Plaza Brasil tardes enteras.
El uso verbal en primera persona, directamente engarzado con los lugares que menciona, contribuye a producir no solo una imagen, sino un cuadro emotivo. El hablante nos refiere que realizó ciertas acciones en determinados lugares. De esta forma, el hablante lleva a cabo una apropiación textual del referente. Además, todo está precedido por el afirmativo sí , que constituye el primer verso de esta estrofa. Este aislamiento sintáctico es también una forma de dar mayor relieve y énfasis a la afirmación, que se completa en el verso siguiente, cuando el hablante declara haber nacido en Santiago, pero también ser de Santiago. No se trata solamente de alguien que vive en una ciudad, sino de un individuo que dice ser de esa ciudad, formar parte de ella. Esta declaración de arraigo está presente en cada momento del poema.
El hablante no solo dice habitar la ciudad, sino que también habita la imagen que de ella construye en el poema, con la inclusión de su yo discursivo en cada fragmento de la urbe. Este procedimiento se suma a la revisión de las experiencias vitales más profundas, como cuando declara que:
Fui padre en un 4º piso de la Villa Olímpica
Allí empezó el Estado de Emergencia
Se establece aquí una compleja relación entre un sujeto, una acción y un lugar preciso. Esta concisión al interior de un solo verso es comparable con la construcción de un haikú , solamente diferenciado por la intención más bien comunicativa y no contemplativa del hablante. Sin embargo, la imagen presentada es igualmente potente por la mencionada concisión y la precisión de recursos verbales. Ahora, como es habitual en la obra de Cuevas, esa experiencia íntima y personal se vincula directamente con una situación colectiva, en este caso por yuxtaposición: Allí empezó el Estado de Emergencia . La vivencia personal resulta inseparable de la experiencia colectiva, ambas enmarcadas por el mismo espacio geográfico y por las mismas circunstancias sociales.
Otro ejemplo de este procedimiento puede apreciarse en los siguientes versos, donde se da la misma relación sujeto/acción/lugar:
yo quisiera volver a verla, bajar
al City, pasearme
frente a Falabella.
Esta vez, por el mismo procedimiento mencionado, el hablante da cuenta de una añoranza de tipo amoroso, cual es la espera de una mujer, en el centro de Santiago. En este caso se dan como referencias concretas dos sitios de carácter comercial: el cine City y la tienda por departamentos Falabella. Como vemos, el hablante se apropia no solo de las calles o de los espacios privados, sino que incorpora nominalmente lugares relacionados con el intercambio económico. Es decir, el procedimiento de apropiación de la ciudad no excluye ningún ítem; todo puede ser habitado, todo puede ser escenario para la vivencia personal construida en el poema. Esta forma de relacionar emotivamente el lugar de referencia con la vivencia particular y colectiva, constituye el procedimiento textual más reconocible con el cual se hace frente a la progresiva alienación de los individuos por el caos.
La identificación del hablante de Cuevas con sus conciudadanos se desarrolla a lo largo de todo Introducción a Santiago , pero alcanza su punto más alto cuando afirma:
(…) Aúlla bajo tierra el Metro
apretado junto a todos, las estaciones vuelan,
me pregunto: ¿quiero a alguno aquí, a ellos?
Sí, los quiero, me digo:
Son yo mismo con la cabeza gacha
No se trata aquí tan solo de un vincularse del individuo con la colectividad, sino de la total identificación del yo discursivo con los demás, conjunto que pasa a constituir un gran nosotros , cuyos lazos están dados por relaciones de nivel emocional: Sí, los quiero, me digo: /Son yo mismo con la cabeza gacha . Aunque estos lazos puedan parecer ficcionales en la realidad extra poética, al interior del poema se construye una identidad entre el hablante y el resto de los habitantes de la ciudad. De alguna manera, al utilizar el hablante los mismos procedimientos para habitar la ciudad y para ponerse en relación con los demás, se realiza el intento de habitar incluso al individuo, volverse un poco ellos, conformar ese nosotros que se diluye cada vez más, amenazado por el caos y la alienación.
A modo de conclusión
Al realizar este breve recorrido por la extensa obra de José Ángel Cuevas y poner atención en sus procedimientos textuales, podemos ver que el sujeto en conflicto está presente en cada etapa de nuestro autor. El desafío entonces es hacer una apreciación general del trabajo poético de Cuevas. Aún a riesgo de caer en el reduccionismo, nos parece encontrar en Cuevas el intento por construir un discurso coherente, al interior de cada poema y en las relaciones entre ellos como constituyentes de un poemario, e incluso de los poemarios entre sí. A través de los procedimientos textuales descritos, el o los hablantes constituyen la noción de un sujeto que lucha por no desaparecer, por dejar su huella tanto en la ciudad que habita como en los individuos y, por supuesto, en la escritura.
Entendemos la escritura de José Ángel Cuevas como apegada a la intención primitiva que tuvo para el ser humano: servir de memoria externa, de antídoto en contra del olvido. En Cuevas la escritura está tensionada por la posibilidad de ser absorbida por el caos, lo que implicaría su desaparición. Deja entonces el hablante todas las huellas necesarias de su presencia, para que su recorrido, tanto físico como social y experiencial pueda ser reconstruido por el lector, en un ejercicio que involucra también su propia memoria, activada por la comunidad de experiencias y/o de lugares de referencia al interior de los poemas.
Finalmente, es posible advertir que el trabajo poético de José Ángel Cuevas parece realizarse desde un lugar completamente ajeno al resto de los agentes culturales vinculados a la poesía chilena. Esto puede evidenciarse en el extremo criticismo con que Cuevas se refiere a las generaciones que han tomado el protagonismo en nuestro país, a quienes califica de posmos . Cuevas escribe no tanto desde la nostalgia como desde un tiempo otro , desde un lugar discursivo que no quiere participar de un país cuyo rumbo se concibe como torcido, como extraviado y caótico. Sin embargo, este lugar es solo discursivo, de ahí que las tensiones y conflictos no se resuelvan al interior de los textos, a no ser en un nuevo punto de conflicto y así sucesivamente. Pese a esto, el hablante, aunque tambalea, sale airoso de su recorrido precisamente porque se ancla en lo cotidiano, en las acciones de un ciudadano anónimo, porque no intenta ser una voz épica ni mesiánica, porque sabe que esos intentos están perdidos de antemano. Queda entonces lo pequeño, los consuelos a escala humana, donde el ser humano puede al menos hacer el intento de volver a encontrarse consigo mismo y con sus semejantes.
Bibliografía
Cuevas, José Ángel. Introducción a Santiago, 25 años después. Santiago: Balmaceda Arte Joven: 2007
---------------------- Restaurant Chile (Antología 1979-2005) Santiago: La Calabaza del Diablo, 2005
Valente, Ignacio. El trauma del 11 en verso , artículo publicado el 16 de Agosto de 1987 en el diario El Mercurio. Reproducido en la página /www.letras.s5.com/cuevas7.htm
El trauma del 11 en verso , artículo publicado el 16 de Agosto de 1987 en el diario El Mercurio. Reproducido en la página /www.letras.s5.com/cuevas7.htm
Cuevas, José Ángel. Restaurant Chile (Antología 1979-2005) Santiago: La Calabaza del Diablo, 2005. Pág. 82
Introducción a Santiago II , en Cuevas, José Ángel. Introducción a Santiago, 25 años después. Santiago: Balmaceda Arte Joven: 2007. Pág. 23.
Cuevas, José Ángel. Restaurant Chile (Antología 1979-2005) Santiago: La Calabaza del Diablo, 2005. Pág. 11
Op. Cit. Pág. 12
Cuevas, José Ángel. Introducción a Santiago, 25 años después. Santiago: Balmaceda Arte Joven: 2007. Pág. 8
Op. Cit., pág. 8.
Op, Cit., pág. 9.
Op. Cit., pág. 9
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