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Emma Villazón Richter Nacida en 1983, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Escritora e investigadora en lingüística. Ha publicado Fábulas de una caída, en 2007, poemario ganador del Premio Nacional de Poesía Petrobras, en la editorial de la Cámara Departamental del libro de Santa Cruz. En 2008, fue seleccionada en la antología Escritoras bolivianas de hoy, a cargo de Mara Lucy García. En el área de lingüística, ha publicado Una aproximación a la gramática de la lengua mojeño-trinitaria. Este año 2009, su obra figura en Nuevo panorama de la poesía boliviana. Cambio climático, publicación dirigida por el Centro Simón I. Patiño y los poetas Jessica Freudhental, Juan Carlos Ramiro Quiroga y Benjamín Chávez. Ha publicado cuentos y poemas en revistas locales e internacionales. |
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Prótesis
Me alimento por mi cuenta, abro enlatados con una mano: ¡voilà! y limpio el piso dando saltitos en un pie. Cualquiera diría que soy un héroe de la pantalla chica, hijo de una voluntad hercúlea en tiempos de acero. Pero soy un artista, dibujo con destreza ángeles arcabuceros, les doy volumen y espíritu sin más ayudante que una muñeca, bailarina equilibrada. Nadie se atrevería a descoser la suficiencia que completa mi mirada de luna voluble, y observaría el brazo que me cuelga como florero del terror o nota desencajada. Fue fácil aprender a saludar de nuevo — pasarme a la izquierda — la gente desviaba mi lado negro, mi lado enano, mi lado monkosh , mi caminar no natural. Los ojos se saltaban la pérdida, el impedimento, y yo me fui con ellos: conseguí un cómodo velo para ocultar mi dificultad, un manto brillante importado, suizo, y me uniformé al amor. Con él puedo hablar, es en realidad mi lengua adoptiva: un instrumento salvador. Los dedos tiesos no tienen rechazo en las chicas, con ellos cuento billetes y toco hendiduras profundas, fronteras apasionantes de pétalos nocturnos. Aunque mi voz, mi voz , no deja de ser un simulacro.
Ese vicio con plumas
Se parten las paredes. Podrían derrumbarse y levantarse otras, pero lo que se hará será maquillar las rajaduras, curarlas con la capa de un largo vigor. Alrededor de las hendiduras, la pintura calcárea se descama y revolotean manchas oscuras dispersas. Probablemente estuvieron ahí formándose desde siempre. ¿Por qué se las verá tan nítidamente hoy? ¿Cuántas estaciones habrán lamido el cielo de abajo hacia arriba para que se transparente esta visión? Cuántas. Pasan como la acelerada secuencia de una película. Lo raro es ese vicio calmo con plumas de seguir aguardando un largo vigor afuera. ¿O será esto un misterio de barca que no deja su agua?
Compulsión
Se hacen cajas de todo tipo, imágenes de trances, vértigo desde edificios, el borde de los catres donde se tuercen extranjeridad y familia en nudo avieso. Se hacen cajas de todo tipo, por los encapuchados con bolsas negras que violaron a las hijas de un padre; para la que esperaba que alguien bebiera de una cerveza negra en su balcón y se lanzó al abismo, dejando un teléfono cercano. De todo tipo se hacen cajas rabia llamas hambre alas que se abren a-las: poemas en los que un poco no entra.
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