Flavio Dalmazzo Avendaño

(Valparaíso, 1988). Estudiante de Filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Actualmente participa del Taller de Poesía de la Fundación Neruda en la Sebastiana, Valparaíso, dirigido por los poetas Ismael Gavilán y Sergio Muñoz.

 
     
     
 

GRAMÁTICA DE MIS HUESOS  

          noctiluciente loba,

          dueña absoluta de mis noches.

 

1

 

Hay huertos dentro de mí.

 

Allí,

entre los escarpados valles de mi cuerpo

hay pálidos

pétreos escarabajos mudos

que cosechan gritos.

 

Llevo gritos dentro de mí.

Ellos se acumulan

y me calcinan sin misericordia.

 

El otoño es un gran incendio.

Hay guerras dentro de mí.

 

Todos los años

llevo mi palabra sembrada en los pantanos

labrada por herrumbrosos escarabajos

hacia un granero en ruinas.

 

Pero es el aire el combustible.

 

Y el otoño tiene sus siniestros ojos

borrachos de fuego.

 

Todas mis palabras torcidas

son infinitamente quemadas.

 

Hay un huerto incinerado dentro de mí.

 

 

2

 

Camino dentro de un laberinto de arena.

 

Es un desierto

es un desierto con hambre de mí.

 

Camino descalzo sobre las serpientes.

Ellas trepan por mis piernas esqueléticas

ellas cantan un himno

que hierve dentro de mis venas.

 

Yo camino entre ciudades de arena

donde no se puede jamás salir.

 

No florecen los desiertos.

Las arenas del infierno están pintadas

por el idioma iridiscente de las culebras.

 

Yo camino dentro de un laberinto de arena.

 

Y quizá

de tanto andar

eternamente

sin poder salir de los senderos

atrapado en el Dédalo del Mal

iré poco a poco tornándome culebra

que cantará

que escupirá arcos iris brillantes

a los perdidos.

 

 

 

 

LA TEJEDORA INVERTIDA

 

Cayó Alaska sobre mí.

Todos los cerros caídos la miraban.

Cayó sobre la luz.

Las arañas tejen luz.

Las arañas pueblan las mañanas.

 

Vino,

vino Alaska caída completa.

Sus manos irradiaban pequeñas estrellas rojas.

 

Vino,

Ella vino.

 

Yo había atado mis ojos con hilo verde.

Para no perder mis ojos

yo até mis ojos a los párpados con transparente hilo verde.

 

El viento elevó mis ojos sobre las nubes.

 

Ella traía filosas tijeras de cobre entre las manos.

Ella venía a cortar el hilo que ataba mis ojos a mí.

Sonriéndome

tomó ambas hebras

y las destrozó.

 

Mis ojos estaban hinchados de helio.

Mis ojos emprendieron el vuelo a la eternidad.

La eternidad es el vacío estrellado.

 

Perdí mis ojos.

 

Alaska, ella

dejó huir la mirada de mis ojos ofidios.

 

 

 

 

 

LUTO VII

 

  despacio

  la nocturna mariposa

  bordea la luz

 

  cuando el sol se apaga

  y en vez de lluvia

  verdes caen las hojas

  desde las nubes amontonadas

  

  y caen verdes   

  como muertas

  como estrellas muertas

  sobre los árboles

 

  se encarga la memoria

  de envejecer a las verdes

  las esmeraldas

  

  y el viento

  de botarlas tranquilamente

  hacia el vacío