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Marcelo Elizondo |
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Ella
Las manos de ella, frías, borrosas; toda ella. Se agita con estornudos le vende su memoria a las estrellas.
Ella, toda ella es grandiosa, creo. Puede ser sangre y amante o víbora imponente, rosario manoseado corona de princesa Inglesa. Puede ser:
planta hermosa de primavera o un lamento con ecos en caverna, un escalofrío el besarla un desgarro cuando parte.
Ella, toda ella y sus manos temblorosas me aprietan, se entregan, regalan su vida, su muerte; las líneas incrustadas sus uñas y la excitación. Se me entrega toda ella.
Piel en aceite
Vuela, cántale al sol de las sombras, blanca en la oscuridad de la niebla. Vénceme con esa piel despierta abandona el sueño cansado de tus ojos. Ciérralos lentamente. Mírame mujer. Palpa mi alma vacía.
Arde la osadía en el coraje, aun puro en el centro de tu esencia; desnúdate en aceite intenso , embriágame mujer. Acerca esos labios pequeños como tu cuerpo.
Lucha en el camino de nuestra felicidad inquiétame en esos momentos. ¡Tan nuestros! Dame palabras secas al oído, báñame en ese aroma tan tuyo. Dame el fruto. Tu transpiración. Tu piel manchada en aceite.
Antes
De abrir los ojos buscar al silencio, antes sólo antes de cortar mis ojos, oírme cuando el amor era cierto; los besos con su sombra de tristeza nuestras señales y sus imposibles.
Antes de la confianza, la licencia para amarnos en el centro del dolor, entregarme a sus cariños y abrazos, ser suyo ahora; por su sed que bebe mi fragancia de hielo y vengo, muero.
Solo antes de todos nuestros perdones, las escrituras en la piel, tatuajes; los vestigios de su cuerpo en el mío. Antes de su perfume en mi almohada de imprimir sus ojos en mi mirada.
Antes de sentenciarme al castigo de su amor, al amor maldito que acaba: los sentidos, las razones, la risa. Antes de mis ojos tristes y amargos, la calma la noche el viento y la muerte.
Antes, sólo antes de marchar agónico le escribo al mundo, su mundo de ruegos, en silencio, de noche, mi silencio. Antes amor; antes, de amar y no amar, antes de amarte amor. Antes... de amar...
Taza de té
Veo por mis ojos tus ojos busco el aire de los míos el murmullo marca los tuyos
veo por mis ojos tus ojos veo tus manos danzando con tus ojos los busco para que míos sean, los tuyos mis ojos
danzan tus ojos me pierdo en ellos te pienso y los veo siempre tus ojos
veo por mis ojos tus ojos y no hay más ojos que quiera veo tus ojos oscuros como la noche brillando como la luna
veo por mis ojos tus ojos busco su mirada fija me miran y los veo. Te beso.
Ha pasado de noche
Dime si las noches de insomnio de tocan toca mi pena en tu pecho y sabes que no es bueno, si mi boca no te toca si el rencor parece fúnebre.
Dime si te tocan mis noches el insomnio, la luna de la noche el recuerdo de las noches la melancolía perfumada de rabia.
Dime si te toco y te das cuenta dormida, mi pena se acerca de lejos con insomnios te toco mis labios te tocan te toco y recuerdo tus piernas las manos tu boca y la toco y sabes que no es bueno.
Dime si la melancolía es parte del insomnio, si te toco y no estás, si sueño en tus brazos y los toco hacia arriba y llego a tu mejilla la beso y en tus ojos me pierdo.
Dime si no te toco y me atrapo dentro de un eco, triste te miro en insomnio te toco en mi sueño y soy feliz y duermo.
Alma
Arde en desembarcar la nada arde, sombra. En el cuerpo, mi todo.
Motor de la vida. Mi todo , llama de los ojos . Umbral del paraíso, sombra del infierno.
Sin huesos al viento, alma. Sin tierra ni agua, años sin tiempo.
Esqueleto de la vida, sentido de mis ojos.
Inmortal a la muerte, a la historia, sola sin cuerpo, húmeda en el reflejo.
Prostituta bella de la niebla.
Umbral del espíritu , de los siglos, de las vidas. Laberinto de la historia, astro de las nubes, del cielo.
Esculpidora, alma. Tan inmensa, tan bella. Encadenada a la tierra.
Nube de los hombres , como viento blanco te levantas.
Signo vacío. Signo no develado, alma mía. Sombra mía, sombra incierta, alma mía.
Pobreza
Abro el libro en la magia interior busco pobreza con sus sinónimos pesados: indigencia penuria escasez necesidad inopia, miseria estrechez carencia desnudez; hambre, falta privación ausencia disminución ahogo, apuro fatiga desgracia infortunio. Y recuerdo las imágenes, el eco de sus nombres los cartones que fluyen en la calle, la basura, el viejo automóvil empolvado.
Verdad
Año dos mil nueve. Conozco hace un buen tiempo la amargura de la tierra las huellas del patrimonio y sus seis letras: p a t r i a yo las oigo en silencio para entender sus traiciones y conceptos abiertos, las oigo y hacia dentro el miedo se envuelve, no en el mío se envuelve y deriva de la mesa y las piernas se tocan y siento lastima por la cadena inerme del beso, no basta. Las oigo.
Cuando yo muera no quiero estar desnudo, ni ciego basta como espejo roto después del llanto esperando el corte para pintar las paredes de /silencio. Convertido en olas y entonces además los oigo. Buscan algo…tierra, la suya. /Los oigo.
Año dos mil nueve. Suavemente se desase en sus pies el miedo al aire la sombra de los otros, los que a través de sus manos han forjado amargura. A ellos no los oigo porque en sus manos han barrido los vivos altares del que nace y llora, sin tierra y amándola.
El rayo no alcanza y me lanzo como perro de nieve sofocado era un año, un mil quinientos treinta y seis… ellos dijeron no, y yo los oigo lloro en sus flores que son del cielo, de la guerra y de la sangre en la pica. Lloro por la verdad que duele, las mentiras de fuego intransigente por esa palabra: Mapuche, que me suena como tierra madura, el desmayo lo íntimo y un desgarro de oro que no muere nunca nunca los sueños mueren en la niebla. Se miran a los ojos dicen tierra, dicen /tierra. Se desprende el miedo, los muertos, todos sus muertos. Los caídos del siglo /por pica en mano, Año dos mil nueve y la araucaria parece un sauce.
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