Todo, menos silencio
A Máryori
Aturdido por el incesante barullo, pedí a los dioses el don del silencio.
Me fue concedido ser el dueño del silencio.
Ahora ni una gota de tu voz puede entrar en esta burbuja.
Ya estoy cansado de mi soliloquio silente, impronunciable.
Los dioses no nos dan nada sin quitarnos algo.
Y yo quiero que tu sonrisa de niña, liberada del tiempo, devenga en viento y azote mi silencio de años.
En el principio di gracias por la obediencia del mutismo a las señales de mi mano.
Comprendí al poco tiempo mi expulsión del mundo y de la vida.
Tú habías quedado afuera y yo adentro.
En vano fueron mis esfuerzos por hacer puertas, por abrirlas, por tumbarlas.
Ni una gota de tu voz podía entrar en esta burbuja.
Ya llevo siglos siendo el Señor del silencio.
Y quiero ahora escuchar convertida en palabra la ternura y el amor de tu mirada.
No quiero ser Señor de nada.
Sino palabra de amor viajando hacia tu oído, un vals en el que nuestros cuerpos puedan mecerse en el medio de la noche;
y también quiero ser el grito estruendoso del próximo niño nacido entre nosotros.
Amada, por ti y por mi, yo quiero ser todo, menos silencio.
Alifrank Laguna
Narrador y poeta venezolano (Coro. Edo. Falcón), Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana en la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.