Poemas de Ceremonia de lo adverso
Breve nota para el arribo
A Vaskén
Vengo del incierto viaje sin retorno.
Dos cuchillos se apagaron a mi llegada,
y en esta calle cualquier perro me confunde con su amo.
Mi mujer me esperaba del otro lado de la miseria,
sus pechos, ventanas vencidas por el óxido del hambre,
son la dolorosa penumbra que anuncian la estéril
enfermedad de mi regreso. En cada rincón de mi casa
puede sentirse el aroma de los trajines y los arrebatos
en los que no participé. Mi viaje consistió en detenerme
siempre. Atendí los ruegos del viejo poeta.
Abandoné los caminos acelerados, lento en toda empresa,
desafié la salvaje furia del dios del mar y llevo intacta mi memoria: Recuerdo todos mis descalabros, ninguna calle se confunde con otra y los puertos que conocí están escritos en mi frente.
La gloria es para los que se extravían
y yo llegué puntual a mi destino.
Julia Torres
In memorian
Primero, los incendios de la lluvia,
la breve canción de los ocasos;
luego el arrebato de los ríos
que extraviaron su destino. Las calles edificando
la serenata de los desaciertos. El domingo multiplicando
los peces del evangelio, y la algarabía de los gallos
desatando los acertijos de la madrugada. Un terco ir y venir
de las acciones: el desordenado desfile de la memoria.
Así, y tú lo sabes, se tejen los días en Boconó: el cielo
dibujando caracolas de algodón, los perros recorriendo
las tristezas del mercado cuando ya todos se han ido.
Y nuestros temores empapados en la geografía sencilla
de los aromas del café. Nosotros, el azulejo y el samán,
la inexistente neblina y las largas noches de frío que anuncian
la llegada de las temporadas de calor, las contradictorias fechas
en que las muchachas visitan la plaza,
y dejan al descubierto el alfabeto de su piel,
su país de nardos y naranjas,
sus futuras batallas contra las caricias equivocadas:
justo allí donde crecen las fiebres más anchas,
esos temblores que jamás nos abandonan.
Yo amo el ajedrez de esos insomnios,
las horas vírgenes en las que al extender las manos,
el rocío va dejando un coro de cristales
y en el afanoso detalle de tantas grietas,
los caprichos de la muerte
doblan rodilla y se van de bruces,
la Vida, entonces, surge como único aguacero
de palabra incierta y alrededor
quedan suspendidas las respuestas
que con infeliz certeza me devuelven
al frío mármol de tu ausencia.
Isaías Cañizález
Poeta venezolano (Caracas, 1973). Licenciado en Letras, mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana en la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Fue ayudante de investigación de esa universidad en las cátedras de Lit. Hispanoamericana y Lit. Prehispánica. Investigador y traductor del Gilbra (Grupo de Investigación de Lit. brasileña) Mérida, Vzla. Corrector de las revistas Diakonia, Boletín de la Academia del Edo. Mérida. Investigador de la Casa de Las Américas, La Habana, Cuba. Cum Laude de la U.L.A. Autor de Ceremonia de lo adverso, poemario con el que ganó el Premio de Escritores Trujillanos 2003 (Trujillo, Vzla.) Actualmente se desempeña como profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela. También es autor de los poemarios Los desterrados hijos de Eva, Profanaciones y derrotas, Memorial de La Habana.