Lava

Lava los latos lamentos en lejía.
Sumerge las palabras en la espesura
de la ceniza, al borde de la noche,
cuando las ventanas parecen anchas,
cuando el viento es un corcel desbocado
que arrastra las semillas tardías
hacia el ensueño del gallo
en su reino de crestas celestes.
Reposa las manos y aguarda.
Aguarda por un silencio espigado,
por una palabra tallada al alba.

 

Epílogo

Tal vez sea cierto que el mundo
cabe en un puñado de imágenes.
Tú sabes; dar cuenta de los días
con un lenguaje gris y pausado,
beber el tono de las cosas,
forjar palabras semejantes
a pétalos de plata,
adentrarse en la huella lavada,
en la verdad inquieta del trazo,
tejer hebras de luz en una
esquina cualquiera; todo eso.
Pero el hecho es que el polvo
decanta tenaz sobre las manos
y ello es suficiente para apagar
la hoguera de los signos.

 

Sobre estos trazos

Sobre estos trazos catedral alguna.
Acaso un pórtico a manera de refugio.
Una puerta para no pasar.
Una línea de espesor irregular con tendencia
diluirse entre símbolos sinuosos.
Quien aguarda en la curva del grafito
es el que desliza por la pausa del otoño
y acaricia la veta roja del madero.
Es uno que vuelve con un relente ajeno
y roe los dientes reclamando
un lenguaje manchado de pétalos y piedras.
Centinela del viento, aldaba de la noche.
El silencio es un heraldo que aguarda paciente
el lento latido en lo pálido del aleteo de las mariposas,
o en lo fugaz de un puñado de destellos
a veces opresivos como barrotes anclados
al misterio del agua más profunda,
a veces libres como la flor azul en la piedra
o el vuelo de las mariposas.

 

 
Francisco Vergara

Poeta nacido en Viña del Mar (Septiembre de 1977). Es Licenciado en Ciencias de la Ingeniería.
Becario del Taller de Poesía "La Sebastiana" 2003.