Insomnios amarillos
A veces llegan los perros a morder los sueños
a desgarrar la noche cuajada de fatiga
a tragarse lo poco que dejó de la ternura.

Ladran hasta el amanecer
gruñen para espantar los párpados cerrados
al amor que viaja a la deriva
al invierno de lloviznas contenidas.

Ayer
mordieron los dedos de las manos
lastimaron las yemas y tendones
desollaron algunas cicatrices
los recuerdos adheridos al calvario.

No dejan dormir con sus ladridos
espantan a la madrugada
para que la noche se haga eterna
y sus ojos
sigan brillando en los espejos.

Los he maldecido muchas veces
he pronunciado los más terribles anatemas
para alejar sus huesos y ladridos
su remolino
de insomnios amarillos...