Uno sale del trabajo proporcionalmente feliz,
ojos contaminados
y compra unos vasos
casualmente dos.
Paga impuestos
recibe malas noticias y contra enfermedades.
Uno piensa improperios
para callárselos,
no acaba de entender la íntima relación
entre la juventud y la muerte.
Uno estudia filosofía
porque entiende que la vida es un tranvía,
recibe la lección y no la enciende,
uno es totalmente libre de hacer lo que quiera
dentro de su jaula.
Uno grita, quiere amar,
toma una cerveza,
no recoge el guante que dios le tira.
Envuelve la noche en hojas de soledad
y se aposenta en los bordes de alguna canción.
Uno hace esto y cree que es vivir,
pero se engaña quedamente.
Hasta que una mujer lo mira
lo aplaca, lo prende,
le atraganta la vida en los ojos.
Entonces uno ríe de sí
controla los gastos
ya no envidia a los gatos
y esparce amor.
Uno parece feliz.
Soy un hombre con tendencias a usar escafandra
a abrir las jaulas en los zoológicos
a dejarme derrotar por las amapolas
a caerme de las motos
a tener frío
a buscar lo que no se me ha perdido en los escotes
a escribir boletines
a tomarme fotos con las caras de los otros
a sonar campanas cuando quiero
que me prestes atención
a apuntar apellidos en mi pecho
a sobresaltarme con el calor de tus manos
a lavarme los ojos con jugo de naranja
y tomar pócimas
en fin
a amar las orugas
que nunca se volverán mariposas.
José María Zonta
En algún documento constan mis fechas y lugares de nacimientos, mis edades, mis
estados civiles y libros publicados. Así como viajes, títulos académicos,
trámites y sellos. Pero no sé dónde está ese documento. Posiblemente
justificando su frustración de no saber quién soy realmente.
En su ausencia aprovecho para afirmar que amo el jazz, la madrugada, el vino, la
Alquimia, el oleaje. Que hablo con un bonsai, tuve que aprender su idioma porque
él se negó con todo derecho a aprender el mío. Que los fantasmas que me
visitan son amarillos. Que soy las costumbres de un animal. Vivo siempre en una
frontera, no la cruzo ni me devuelvo, no tengo la cobardía ni el valor para eso,
simplemente me quedo mirando las caravanas. Algún día iré con ellas.
Carezco de habilidades, pero tengo amigos. Reparo en los más simples
movimientos, de ahí aprendo que lo inmóvil tiene otras velocidades, sólo que
distintas de las mías. Prefiero un amor imposible vivo, a un amor posible
muerto. Amo a una mujer que se marcha. Tal vez por eso se marcha. Tengo poco que
olvidar, mucho que aprender. Vivo agradecido con la Poesía. Vivo entre topos y
ardillas, junto a un olivo. Y tengo los pies en el mar.