EL MENDIGO

Nadie pudo ver
-o tal vez nadie quiso-
su andrajosa apariencia
opacada por los años,
las arrugas de su piel,
el dolor de sus manos,
procurando un sustento
en aquella noche cruel
de invierno amargo,
de frío intenso.
Solo, tan solo,
con sus descarnados huesos.

Nadie pudo ver
en sus labios muertos,
la boca doliente de interminable urgencia,
El llanto contenido por la misma indiferencia,
que anulaba su ultima esperanza,
que quemaba hasta su propia existencia..

Cuantos hombres sin conciencia,
cuantas miradas sin pupilas
que atentaron contra esa vida
evadiendo el dolor humano,
alentando el atroz destino…

Sin siquiera percatar,
que en aquella noche invernal
el mendigo moria de frio.
YA NUNCA MAS.

Se enfrentó a las inglesas fragatas,
entre explosiones, estruendos y humareda;
y con sabor de lágrimas amargas,
y un sentimento de congoja y de tristeza,
él regresó junto a su padre esa mañana
con manos llenas de dolor y de nobleza.

Lloró otra vez la triste muerte de su madre,
el no sentir hoy sus caricias, su tibieza,
el no escuchar esas palabras que alentaban,
que habrían calmado su pesar y su impotencia.

Miró a su padre con la única mirada,
de quien no siente ya ni amor ni fortaleza,
de quien no sueña con un mágico mañana,
lleno de luces, colores y belleza.
De quien no tiene pensamiento para nada,
sólo recuerdos de cañones en la guerra,
y proyectiles con la meta despiadada:
sus compañeros del ayer, su adolescencia.

Y recordó sus aventuras, sus andanzas,
aquellos tiempos de felicidad completa;
“ya nunca más” pensó, y mientras lloraba,
miró el lugar donde no estaban más sus piernas.
Todavia…

Cuando las alondras se hayan ido
y tiemble el cielo infinito
por la pasión, que misteriosamente
extingue la llama que eterna parecía.

Cuando los brazos, ya rendidos
extrañen la tibieza del abrazo tan sentido
y la noche nos encuentre en una quietud sombría.

Cuando en los rostros se esfume
la juventud, ya imperceptible,
y la actual apariencia renuncie
a la plenitud que antes tenía.

Cuando las formas, las ideas, las horas,
los años, la vida,
proclamen radiantes
la total evidencia del tiempo transcurrido,
y la magia del delirio
solo sea un espejismo en nuestros días.

Cuando todo cambie,
y hasta las miradas parezcan perdidas,
se que aún seremos los mismos…

Y te hablaré de amor todavía.


 
Silvia de Sione

Nacida en Crespo,( Entre Ríos- Argentina), en 1974. Actualmente reside en Viale, de la misma provincia. Está casada, y tiene tres hijas.
Recibe su Primer Premio Literario a los quince años.
Ha recibido diferentes premios en Certámenes Literarios Nacionales.
Fue Finalista Destacado del Xlll Certamen Internacional Argenta.
Participó de la Antología Bilingüe “Mundo Poético 2000”, de Ed. Red Literaria, y de la Antología de Poesía y Narrativa 2004, de Zona Editorial.
Es secretaria de SEVIAL (Sociedad de Escritores Vialenses), y guía a un pequeño grupo de niños escritores llamado “Aladdín”, entre los cuales se encuentran dos de sus hijas, quienes también han recibido diferentes Premios Literarios.