| Noche veneciana |
| Quizás no existan más palabras que las dichas con un sistro Cuando los ojos de una cortesana Encierran el dulce veneno de lo que nunca volverá. Lo que en un trance sagrado sería el rubio dolor De una madona quemado con la sangre del sol. Tal vez no existan más palabras que las dichas Por la verde brasa que es insignia de un reino desconocido, Ese reino donde entramos perdida la inocencia y esperamos el reflejo del mar que nunca será el mismo. No más palabras que la espuma de labios desnudos que en turbio gesto desgranan posibilidades, la encendida presencia de sombras en el Rialto; ninguna otra, sino la que hace huir en tristes barcas la certeza que creíamos amar. Sólo la noche nos posee como pálidos amantes, Negando y otorgando lo que somos Al dar fuego en la arena argentina de los vientres A los príncipes del aire en que nos gustaría convertirnos. Sólo la noche en aquella queja desprendida Del suave sabor de los duraznos Nos hace contemplar el secreto que en belleza Anhela transformarse.
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