Ezra Pound medita al atardecer


Ya llegan los murmullos de aquellos
que tensaron las cuerdas al declive del sol.
Amigos de estirpe bastarda
agudos en el comercio de la palabra.
Cada página es un puente,
un estallido en el mármol,
un susurro en la piedra.
El aire fino de la montaña
es propicio a la danza de imágenes
y a la música de cuerdas,
arpas y laudes, se acercan.
He sido solícito al arte mayor,
el comienzo y fin de la memoria.
La palabra habita en lo fugaz
y la simpleza a veces escapa
aunque el papel no ha sido áspero.
Lo que resta es silencio,
han madurado ya los frutos,
dioses flotan otra vez en el aire azur.

 

Notas de extravío

Los ojos fueron al instante
de la piedra en el agua;
los anillos, los ecos,
el círculo que va y vuelve
como un aleteo en la niebla,
como la sal y sus caminos imposibles.

Ecos de ancianos, pasos en hielos,
¿volvisteis atrás la mirada?
Disculpad las cuerdas poco aceradas
sin la tensión de antaño,
es que en casa entró el viento
pero no asomaron el agua y sus misterios.
Tan sólo fui capaz de un sonido
como de miedos ahogándose.
Disculpad el puñal de ceniza,
El traeros desde las espumas del sueño
a estos derroteros de sudores y metales.

Sobre un tema de T.S. Eliot

Hubo momentos de ceniza bajo el dintel.
Hubo reflejos en el agua
y murmullos en la niebla.
Hubo puertas, noches y aristas.
El musgo cubre hoy la piedra.
Todo regreso es una herida.
Toda senda un peldaño.
Toda sombra es suave como el roce
del pétalo en la piedra.

Deslizad por la curva inquieta,
buscad su centro en todas partes.
Recordad, en el principio está el fin.
No volváis la vista atrás.

Aleteo de golondrinas y semillas
doradas al sol, brisas de aire inflamado
por el eco de la estación seca.
Como un temblor oscuro entre amapolas
fue el deslizar de gotas inquietas,
el roce agudo de los metales,
la sombra que precede al florecer
nocturno de los árboles.
Luz en las sombras, brisa en el mar.

 

Susurros, punzadas en la arena,
ecos que se pierden, notas que no llegan.
Imágenes quebradas aun.

Dad comienzo al festín,
liberad la música y la danza..
Vestid sedas adecuadas.
Tomad vuestra careta y marchad
al ritmo sincopado de mi tambor.

Luz en las sombras. Y las palabras,
como el rocío, resbalan.
Palabras de bordes afilados,
palabras de líneas calladas,
palabras que portan un secreto blanco.

Tapad vuestro rostro, preparad el ardid.
Vibrad con las cuerdas al aire.
Escuchad, es el viento en la hoja,
es la brisa en la niebla.
No hay palabras ni formas, bufón ó juglar
capaz de albergar la voz profunda de los ríos,
la violencia estival,
la lluvia fresca sobre el helecho,
la embestida del viento contra el velamen;
el principio y el fin,
la esfera y el centro.
Contemplad en quietud la línea recta.

 

Francisco Vergara

Poeta nacido en Viña del Mar (Septiembre de 1977). Es Licenciado en Ciencias de la Ingeniería.
Becario del Taller de Poesía "La Sebastiana" 2003.