Amor mío
nos ha tocado la era de la ropa
de pantallas gigantes
transmitiendo almas enanas

el camino al sol nos lo han sembrado
de caramelos envenenados

cuesta admitir que no hemos avanzado
desde la Edad de Piedra a Sarajevo

nuestros amigos están allí afuera
tienen frío y sus hijos crecen contra el viento

nos han contado la leyenda
de los buenos y los peores
y no cabemos en ningún bando

y nos hacemos el amor para identificarnos sin papeles
para salirnos de la foto
ver el futuro
morder una estrella

señores ella hace el amor
para curar la atmósfera
limpiar el mar
alumbrarme las cuevas del alma

enciendo una lámpara cada día
en honor de los que usan las manos sólo para amar

me controlo
me disperso
me vuelvo esencia de la saliva futura

los niños están asomados a la baranda de la vida
asustados
por favor no les enjabonemos el piso

ya ves amor
nos tocó la época de la ternura perfumada
aplaudida
manipulada

así que cierra las cortinas
y vuelve a darme otra vez
la dulce luz apagada de tu cuerpo.


José María Zonta

En algún documento constan mis fechas y lugares de nacimientos, mis edades, mis estados civiles y libros publicados. Así como viajes, títulos académicos, trámites y sellos. Pero no sé dónde está ese documento. Posiblemente justificando su frustración de no saber quién soy realmente.

En su ausencia aprovecho para afirmar que amo el jazz, la madrugada, el vino, la Alquimia, el oleaje. Que hablo con un bonsai, tuve que aprender su idioma porque él se negó con todo derecho a aprender el mío. Que los fantasmas que me visitan son amarillos. Que soy las costumbres de un animal. Vivo siempre en una frontera, no la cruzo ni me devuelvo, no tengo la cobardía ni el valor para eso, simplemente me quedo mirando las caravanas. Algún día iré con ellas.

Carezco de habilidades, pero tengo amigos. Reparo en los más simples movimientos, de ahí aprendo que lo inmóvil tiene otras velocidades, solo que distintas de las mías. Prefiero un amor imposible vivo, a un amor posible muerto. Amo a una mujer que se marcha. Tal vez por eso se marcha. Tengo poco que olvidar, mucho que aprender. Vivo agradecido con la Poesía. Vivo entre topos y ardillas, junto a un olivo. Y tengo los pies en el mar.