ROSAMEL DEL VALLE: DE “MIRADOR” A “ORFEO” O EL DESCENSO AL CORAZÓN DEL MITO Y EL SUEÑO
 
  Eduardo Jeria  
  Valparaíso, Mayo 2005  

 

 

Nota preliminar

En la antología de Rosamel del Valle publicada por Monte Ávila editores el año 1976, Humberto Díaz Casanueva afirmaba “Regocija y alienta que la recuperación de Rosamel del Valle se verifique en Venezuela, con cuyos poetas estuvo íntimamente ligado.”. Curiosamente, la revista electrónica que acoge este breve ensayo corresponde nuevamente a una iniciativa venezolana. Recogija –parafraseando a Díaz-Casanueva- que los poetas jóvenes de Venezuela, al igual que los que eran jóvenes por la década del 70, valoren el aporte de uno de los poetas más importantes de Chile, uno de los poetas que ha dejado una obra tan perdurable. Labor que se une a un movimiento de progresivo rescate de del Valle que en Chile alcanza su logro más acabado en el texto “Obra poética” en dos volúmenes, (J. C Sáez editor, 2000), a cargo de Leonardo Sanhueza. Esperemos que los siguientes años nos traigan aún más de vuelta al poeta, porque como dijo en 1976 Humberto Díaz-Casanueva “A los diez años de su muerte, cuando la gente se acostumbraba a creer que su muerte era su vacío, la poesía de Rosamel avanza metálica, sabia, exhalando un aliento más puro y radiante”.

Introducción

La notable producción poética de Rosamel del Valle (1901-1963), está marcada por una notable unidad de obra. Esto se puede apreciar tanto en su estilo y obsesiones reiteradas, como en el establecimiento de una poética coherente y una visión estética definida, que permite reconocer la impronta rosameliana en los poemas escritos a lo largo de 40 años. Ahora bien, a pesar de establecer que la poética de Rosamel se mantiene fiel en su desarrollo cronológico, no es menos cierto que podemos considerar algunos libros de poemas como pertenecientes a un mismo ciclo, sino literario, al menos vital. Sin llegar a proponer la existencia de ciclos en la poesía de Rosamel del Valle –eso requeriría de otro tipo de indagaciones- creemos que desde el poemario “Mirador” (1926), su primer libro,[1] a “Orfeo” (1944) –su poemario más celebrado- se establece una continuidad que podríamos denominar de maduración de la voz de nuestro poeta. Es decir, en este período se forma un lenguaje y se encuentran los recursos expresivos que hacen posible la publicación del poema mayor de del Valle. Postulamos, además, que en la figura mítica de Orfeo, Rosamel puede encontrar: a) al símbolo que reúne en sí todas las significaciones para desarrollar sus temas fundamentales –la creación, el canto, la videncia; b) un poema total –que reúne los tres temas fundamentales de la poesía: el amor, la muerte-; y c) una máscara de su aventura poética que simboliza la realización de un arte poética al asumir y resignificar el mito de Orfeo como la búsqueda de la Eurídice, es decir, la poesía al interior de sí mismo.

De Mirador a Orfeo

“Tomad las armas. Y para qué si la débil flor apenas se abre y no suena más que la miel. Para qué si dentro del cuerpo es un pájaro enredado. Yo lo he visto caerse de sueño sobre mí mismo. Temblaba su pie en marcha por el otro lado, por el lado blanco y negro del sueño. Pero yo amo los mitos. Amo el corazón, vuestro enemigo de Paraíso o de Infierno. Si su vida se agita, peor para él. Si danza en la alegría con su única ala, mejor. Los dos no somos una misma cosa, sino dos cosas paralelas. A ninguno de los dos pertenece el imán que nos atrae a cierta distancia, sino al mito. Yo veo el corazón que te fatiga. Lo veo con su corona de hombre demasiado grande o de ojo demasiado fijo. Lo oigo gritar como esos pobres generales de las batallas.” (PBN[2] frag.3)

Quizás en este fragmento del PBN libro del poeta publicado en 1929 se prefigura lo que a nuestro juicio es la llave de la poesía de Rosamel: el sueño, el mito del descenso que el poeta inicia, que no tiene otro rumbo que el mismo corazón del hombre. “Yo amo los mitos… yo amo el corazón” dice RDV. Estos tres elementos: el descenso a los infiernos; el mito o el espacio de lo mítico; y el sueño–despertar- son ejes fundamentales que dotarán a su obra de una unidad poco habitual dentro de la poesía chilena. Nos atrevemos a afirmar que entre el primer y el último libro del poeta estos temas de desarrollan, varían y se transfiguran, pero ofreciendo una particular homogeneidad. Un mismo enigma y un mismo sentido de lo arcano recorren estas páginas.
El viaje de RDV se inicia al alero de las vanguardias de principio del siglo XX, movimiento del que Octavio Paz ha dicho que constituyen un nuevo eslabón en una tradición eminentemente moderna: la tradición de la ruptura. Las vanguardias irrumpen con fuerza en el ámbito hispanoamericano tras el modernismo de Darío. Vicente Huidobro es uno de los primeros en captar este nuevo espíritu y su proclama del creacionismo será una primera fuente de influencias para RDV.
En su primer libro Mirador el poeta adopta una primera visión del propósito de la poesía: la creación. A ello se agregarán más tarde la función de la videncia y el canto. En M se observa claramente la influencia del poeta creacionista fundamentalmente en lo que respecta a la construcción de las imágenes que indudablemente buscan abrir un espacio nuevo a través del lenguaje, buscan inventar, fundar y no reproducir. “las campanadas andan en ómnibus por el aire”, (M, fragmento 8) por ejemplo reflejan la intención del autor de aproximarse al rol del taumaturgo, aspecto que no desaparecería del todo de su estilo.
Lo propio ocurre con el segundo libro de Rosamel “País Blanco y Negro”. Volumen difícil de clasificar, constituye una mixtura de poemas en prosa, narración y ensayo. El PBN al que se refiere es a la vez Santiago y también el mundo interior de Rosamel. En las páginas de este libro se entrecruzan visiones de la poesía, del amor con pequeños trozos narrativos y con bellos pasajes introspectivos. Por ejemplo, en este tono inicial centrado en las formas de la creación se advierte ya un tono que prefigura la segunda etapa rosameliana: el desentrañar el enigma.
Por ejemplo, leamos la recreación de su proceso creativo:

“A VECES VIVO UN EXTRAÑO SUCESO. Sobre mis menores gestos y entre las escasas palabras que me esfuerzo en pronunciar, brilla el imán de algo lejano y perdido. Vuelve a mí de nuevo la opresión involuntaria, la onda tibia de un acontecimiento que, aún por pequeño y descolorido, está sucediendo en alguna región de mí mismo. De algún modo sé que esos débiles espantos con que veo temblar una llama o pasar una hoja. No cabe duda que el único espanto posible puede ser éste de que hablo
(…)
Hay palabras que desearía guardar durante algún tiempo, tal vez es el acento y la vida con que tiemblan en mi boca. Cuando vuelvo a repetirlas ya han adquirido otro sonido, casi otra significación y se me deslizan con la debilidad de las pequeñas palabras, que algunas personas pronuncian durante el sueño” (PBN frag.8)

Como vemos, este proceso creativo no es sino la traducción de un indecible que ronda la sensibilidad del poeta. Junto a lo anterior PBN es una muestra de un tema que el poeta abordará posteriormente: la ciudad, por ejemplo en “Orfeo” o su último libro “Adiós Enigma Tornasol”, inspirado en New York. Volveremos sobre aquello.
Sin embargo, este ideario inicial se ve modificado por una influencia aún más poderosa: el surrealismo. Éste constituye para RDV todo un mundo por descubrir: el lado oculto de la carne: el sueño, lo inconsciente, lo arcano y arquetípico. Este encuentro marcaría a del Valle por el resto de su obra. Así, afirma que “el ser abre otra vez las puertas del más amado sueño…” (P, El corazón sumergido: XLIII-despertar). La búsqueda del enigma y de lo cifrado estarán presentes en todos los libros posteriores. Los “extraños sucesos” de los que habla en PBN son interpretados por Rosamel como una manifestación de lo inconsciente. En el prólogo de “Nadja”, Braulio Arenas relata que RDV y él se impresionan y esperanzan con la aparición de esta nueva poesía a partir del surrealismo y sus alcances.
Sin embargo ya tempranamente Rosamel toma el camino de la autonomía nuevamente: no sólo no se integra al grupo Mandrágora, epítome del surrealismo “a la chilena” sino que además lo confronta directamente. En un texto de resumen de su postura estética, aparecido en la celebérrima antología de Anguita y Teitelboim (1935) señala que la poesía a la vez que libertad es también un esfuerzo de la inteligencia y fruto de un contacto con la experiencia. Como vemos de una vez declara su independencia tanto del creacionismo -al afirmar una raigambre con la experiencia del mundo- y del surrelismo –al rechazar el automatismo de la creación y sostener que la poesía deriva de un control de la sensibilidad, de un esfuerzo de la inteligencia. Del Valle dirá que “alguna vez será difícil descifrar lo que el sueño quiere decir con/ su golpe en la puerta” (P, estación de los peces: transparencia de la sangre). La labor del poeta –entonces- será descifrar, no crear; descifrar, no transcribir. El texto íntegro de la Antología proclama:

“Comprendo perfectamente que el hombre tiene absoluta libertad para elegir los elementos de que puede o debe servirse, por ejemplo, para la realización de un poema o de un libro. Y aún para afrontar con la mayor sinceridad posible las consecuencias de este esfuerzo nunca vano del todo. Pero qué vago parece teorizar en un sentido estricto cuando, precisamente, estos elementos toman forma, estructura, sonido, de modo tan diferente en manos del hombre. De ahí el punto de partida de la VIDENCIA poética. Porque ¿qué es lo que distingue al poeta del resto de los seres? Nada, si no fuera por la posesión de ese extraño secreto. A veces, y por lo que ello puede importarme, creo que este secreto no es sino un débil CONTACTO exterior o una EXPERIENCIA. El calor –siempre humano, por lo demás- de este contacto despierta al ser entre sus tinieblas. Y este despertar no puede ser representado ni invadido por leyes propias, en medio de una atmósfera exacta, en el centro de un clima cuya mayor dificultad no es sentirlo sino expresarlo. En esto, como en otras cosas, el sentimiento es algo secundario. Luego, ,e parece una experiencia cuando lo que despierta en el ser tiene que valerse de un lenguaje para dar forma a algo que desea tocar, retener, ver una vez más todavía antes que el pensamiento vuelva a su sueño.
Por otra parte, nada más inútil que creer que el poema no obedece a ley alguna y que su contenido no es sino la síntesis de uno o varios sentimientos expresada de una u otra manera. Al contrario, la poesía obedece a un esfuerzo de inteligencia, a un control vigoroso de la sensibilidad y su expresión extrae al ser del sueño en que se agita. La imagen de este otro espacio bien no puede ser REAL del todo. Pero entonces, ¿qué sería la poesía? Nada más irreal que la existencia.
Cuando el pensamiento se desprende de sus raíces, el ser ve claro, interpreta en sí el sentido de un lenguaje simbólico o mítico que desea traducir ese contacto. Hace lo posible por moverse en torno a esta lucidez y ordena el golpe que viene desde el país de adonde.”

De la lectura atenta de este esclarecedor de este fragmento extraemos la médula del proyecto poético de Rosamel:
- La poesía como un ejercicio de libertad y de creación. Una de las funciones básicas del poeta es Crear.
- Este crear tiene lazos con la experiencia del mundo, es decir, con el conocimiento que el poeta tiene del mundo a través de la vida y los secretos del corazón humano.
- Es el contacto con la experiencia, con lo externo (un calor siempre humano diríamos parafraseando al poeta), lo que devela al ser.
- Este llamado al ser debe hacerse por medio del lenguaje y el sentimiento que lo invoca pasa a ser secundario. Aquí es la función del Canto la que se manifiesta con fuerza. Para Rosamel el poeta es un ente que invoca (recuérdese que la raíz de la palabra es “llamado”) que a través de la voz canta, llama al ser a que se devele. Este canto obedece a sus propias leyes, es autónoma de cualquier otra producción humana. El ser debe valerse del lenguaje para darse forma y hacerse reconocible, antes de que vuelva al enigma del sueño.
- Este ejercicio devela el enigma al poeta, lo que es la Videncia. La función de la poesía es, además de creación y canto, la videncia.
- Esta videncia se lleva a cabo por medio de un lenguaje simbólico, el único capaz de dar cuenta de las máscaras que el ser asume y a través de las cuales se manifiesta, sea en el sueño, sea en el mito, sea en el débil contacto con lo exterior, o sea, la experiencia. RDV hará uso de los sistemas de símbolos, de un lenguaje de mitos como la herramienta de penetración en el enigma. Es decir, es a través del símbolo y el mito como el poeta hará que el ser y la dimensión metafísica de la existencia “tomen cuerpo”. Es a través del canto que la experiencia que tenemos del ser se descifra y se hace cuerpo visible del sueño en la escritura. Más adelante veremos como es el mito de Orfeo el cogollo de esta visión de la poesía.
- En resumen, la poesía es una forma de la realidad que devela al ser desde sus tinieblas. Es la aprehensión en un símbolo o de un mito de las dimensiones del ser que se revelan en la videncia.

Con este programa, Rosamel desarrolla una obra de modo intenso. En 1939 aparece el libro “Poesía” que reúne en sí a cinco poemarios hasta el momento inéditos. A cada uno de ellos le corresponde el mismo ideario descrito anteriormente, pero cada uno de ellos es diferente formalmente a los anteriores. “Estación de peces” es un libro compuesto por una veintena de poemas de 15 versos aproximadamente, cerrado por dos poemas mayores, en número de versos y en su tono: “Una mano extrae el sueño” y “El viajero y sus raíces”. Ambos son poemas que intentan concretizar el proyecto poética del Del Valle. El primero es una verdadera interrogación a la Videncia poética. El segundo es una elegía al cuerpo y a la existencia que se desvanecen como un sueño del que despertamos en habitación desconocida. Los otros libros: “Cuerpo central”, poema en XX fragmentos; “La mano encendida”, poemas extensos marcados por la necesidad de que la voz del poeta se involucre en una sociedad que se desploma, como las poemas dedicados a la guerra civil española “Paisaje del poeta asesinado”, dedicado a García Lorca y “Soldado de Madrid”; “El hombre devorado”, poema en XVI partes y cruzado de metáforas de puertas, agua y árboles. “El corazón sumergido”, el cuarto libro de Poesía, es un bellísimo poemario de 50 poemas breves, llenos de metaforizaciones deslumbrantes y de verdaderas descripciones fenomenológicas de temas capitales del ser humano. Para muestra un botón, léase: “Origen”, “Contacto y experiencia”, “Dios”, “Vida y poesía”. Este libro es el corolario de la visión poética primera de Rosamel del Valle. Aquí encuentra una verdadera antología de las mejores y más valiosas visiones del poeta. Sin embargo, cada una de ellas separada de la otra, naúfraga de significados. P fracasa en su intento de concretizar la compleja visión poética del autor. El poema “Orfeo” constituirá una superación de este poemario, al ser un mito el articulador de los sentidos dispersos anteriormente.
Ya en Poesía se aprecia dos rasgos que se mantendrán en adelante en las obras del vate: Primero: la fiesta de la metaforización. La forma de metaforizar de Rosamel acentúa fuertemente la generación de imágenes no del todo digeribles, opacas podríamos decir a diferencia de las brillantes imágenes de Huidobro. Nocturnas inclusive. Más bien es un estilo que se emparenta más a Neruda de las residencias (especialmente en el uso de lo cotidiano como sustancias de extrañeza) o a los siempre abisales espacios poéticos de Humberto Díaz Casanueva, su gran amigo. Las metáforas apuntan siempre en una dirección, aunque a veces no sabemos a qué. El uso de símbolos recurrentes de gran fuerza abstracta -como el sueño, el despertar, lo terrestre- se emparentan de modo sorprendente con elementos minúsculos y cotidianos: el vidrio, los alcoholes, los lagartos. Este atrevimiento le ha valido el calificativo de hermético.
En segundo lugar, el verso largo, versículo, de respiración pesada y de tono litúrgico. Tono que recuerda a la Biblia y a los libros de los profetas. Esta elección no es casual y refuerza la concepción del poema como el lugar de la revelación, el lugar donde el poema encarna la existencia y el ser. Tono enigmático y sagrado. Este tono sagrado, a decir de María Eugenia Urrutia, en su libro “Rosamel del Valle, poeta órfico” muestra a un intento de resacralizar la poesía en una civilización ausente de Dios. Ya Octavio paz ha afirmado que la poesía ha tratado de tomar el lugar de la Religión en el escenario moderno. Este elemento se refuerza por el uso de mayúsculas en los inicios de versos y el uso de títulos secos graves y profundamente sugerentes. Piénsese en el “corazón sumergido” o “Llave terrestre” o “Viaje alrededor de la lámpara”.
Con este recorrido, este itinerario poético y estas herramientas formales sólo bastaba concretizar las aspiraciones. Para ello RDV asume una postura que desconcierta en un poeta de vanguardia. Recurre al mito, a uno de los más clásicos mitos griegos: Orfeo. La obra de RDV tendrá una primera cumbre a partir de ello.

Orfeo

Hablar de Orfeo es pensar en un mito seminal a partir del cual el arte y la poesía en particular ha generado toda una corriente subterránea de intertextualidad. Hablar de Orfeo es hablar de Ulises de la Odisea viajando al infierno; de Dante y la interpretación cristiana del descenso a los infiernos; de Hölderlin y de la figura de Cristo como Orfeo y Dionisio; es hablar de Rimbaud y su magnífica temporada poético-vital; es hablar de Rilke y sus sonetos a un Orfeo que desafía la línea de lo visible y lo invisible
Recordemos el mito: Orfeo es un semidiós nacido de un mortal- el rey de Tracia- y de Calíope la musa. Apolo le obsequió una lira y las musas le enseñaron a utilizarla, con lo que hacía que los elementos de la creación fueran hechizados y bestias y plantas le siguieran los pasos. Es el descubridor de la escritura. Viajero con los argonautas en busca del vellocino de oro, con su música les ayuda a superar las dificultades del viaje. De vuelta a Tracia se casó con Eurídice. Un día, ella se encontró con Aristeo quien intentó forzarla. Eurídice al huir muere picada por una serpiente. El dolor de Orfeo por perder a su amada lo lleva a hacer aquello que jamás fue intentado por nadie anteriormente: viaja al infierno donde hechiza a Cancerbero, a Caronte, detiene un instante las torturas de los condenados y logra conmover al mismísimo Hades. El libera a Eurídice con una condición: que Orfeo no mire hacia atrás a ver a su amada sino hasta que ella se encuentre bajo la luz del día. Sien embargo, casi al llegar Orfeo duda, se da vuelta y ve como Eurídice le es arrebatada para siempre. Luego de la fatalidad, Orfeo decae. Enemistado con Dionisio por no compartir sus costumbres de sacrificios humanos y desbordes, éste incita a las ménades, quienes le desmembran en el mismo templo de Apolo. La cabeza de Orfeo siguió profetizando y sirviendo de Oráculo hasta que Apolo le ordenó a la cabeza que callara, pues por su fama se descuidaron los oráculos apolíneos.
El “Orfeo” de RDV es un poema en diez cantos, cada uno dedicado a un tema. Las características de la poesía de Rosamel se acentúan: versos largos, respiración densa, imágenes crípticas y símbolos densamente cargados.
El “Orfeo” de del Valle es un Orfeo que se pasea por el Luna Park y el océano Pacífico. Es un Orfeo que ha dejado el espacio del canto puro de las musas y se interna ora en el infierno, ora en la asfixiante vida moderna ora en el dolor de la pérdida. Es decir, el es una recreación del espacio del mito desde la vanguardia. El infierno que muestra RDV parece ser las mismas ciudades donde vivimos. La ciudad de País blanco y negro es ahora el fondo del infierno, la cuidad que prefigura a Nueva York, o el infierno sin paraíso como dice Elliot de las “Flores del mal” de Baudelaire y Paris.
¿Por qué RDV elige Orfeo? Creemos -junto con Leonardo Sanhueza en su prólogo a la Obra Poética de Rosamel del Valle- que el mito de Orfeo reúne en sí al poeta cantor, al creador y al vate u oracular. Orfeo es cantor y seductor de los Dioses, creador en la Naturaleza y oráculo de los Hombres. Es Orfeo, entonces, el mito que encarna las aspiraciones estéticas de RDV, que ya señalamos: canto, creación y videncia. Así, lo órfico aquí se muestra como una síntesis de: descenso a los infiernos –en claves surrealistas, viaje a los arcanos-; videncia y calidad oracular –es el lenguaje poético simbolista-; y creación de un espacio nuevo mítico-moderno –herencia de la idea de creación vanguardista-. Así, Orfeo es la imagen de la síntesis. Orfeo, entonces, como símbolo de la armonía y vínculo de los diferentes planos de la realidad, es también la única figura capaz de generar esa riqueza de símbolos que permitirá dar unidad al proyecto poético de Rosamel. Es la reconstrucción del mito como cuerpo del más ambicioso de los referentes; el único mito que para Rosamel puede rescatar desde las sombras al significante más abstruso: el corazón del hombre.
Además de lo señalado con Sanhueza, creemos que la figura del poeta de Tracia es a su vez sincretismo de los tres temas capitales de la poesía universal: amor, canto y muerte. El poeta más enamorado que es capaz de viajar al mismísimo infierno por su amada, es a la vez aquel que con su canto hechiza a la naturaleza, es también aquel que pierde todo y queda en pie, el que la muerte señala con su marca más amarga: ser el culpable de la pérdida más absoluta. Orfeo es signo tripartito: del amor y de la pasión; del canto, la escritura y la poesía; y de la desdicha y la desventura más absoluta. Orfeo resume la relación vida-poesía: la muerte como destino final del que canta y la perdida de Eurídice a la vez mujer, poesía y vida. Si la poesía es la variación infinita sobre el amor el canto y la muerte, entonces “Orfeo” es el poema completo. Es la búsqueda de la salvación del solipsismo, de la palabra vacía y de la agonía.
A su vez, “Orfeo” puede ser leído desde el signo de la máscara. Orfeo oculta a Rosamel, al poeta o al hombre moderno. La búsqueda de Eurídice es la búsqueda de la poesía misma, el descenso al hado de las zonas más secretas –las nuestras y las de todos- y la fatalidad que dicha búsqueda implica. El descenso a los infiernos, entonces, es el descenso a lo arquetípico, al corazón humano y al corazón de la videncia, la caída al lugar mítico que somos. Es su propia condición personal (asume aquí una máscara) y también el arquetipo del poeta y su búsqueda de una expresión más perdurable. La poesía como mito. RDV reasume el mito y lo actualiza desde la búsqueda de un poeta de vanguardia. Si la empresa de Orfeo adquiere su dimensión más excelsa cuando la consideramos desde su fatalidad, entonces la empresa de Rosamel adquiere más sentido cuando la consideramos, a su vez, como su propia búsqueda de una Eurídice imposible; Rosamel ya conoce el final de la historia, pero aún así la recrea en su poesía y su vida. De “Mirador” a “Orfeo” es el descenso del poeta a los espacios del mito y el sueño y también a la aventura personal de la palabra. Un viaje a la propia fatalidad. Como plantean los versos finales de “Orfeo”: “Y para que todo siga, Eurídice es mi muerte”

Del sueño al mito, del mito al corazón

Desde “Mirador” a “Orfeo” nos damos cuenta como para RDV el viaje del hombre hacia sí mismo tiene un mismo signo: es el tránsito de las zonas de vigilia a zonas oníricas y a zonas de sobrenaturales, pues sueño y mito son sólo uno. El viaje a los infiernos de Orfeo es el viaje al sueño y el sueño es el espacio de recuperación del mito. El mito y la ensoñación se unen por medio de lo arquetípico. Lo arquetípico es la forma que toman las respuestas de la poesía rosameliana a las interrogantes más profundas de la vida. En el mito y en la ensoñación es donde mejor se revelan las imágenes primordiales que dan sentido a las sociedades occidentales. Orfeo es el arquetipo del poeta revelado a Rosamel primero a través de la exploración del espacio onírico y confirmado por medio de la recuperación del mito. Es lo que el poeta ha llamado “el sueño”. Y su antónimo “el despertar” no es sino la vida misma, la vida de los hombres y sus miserias. Dice Rosamel “el incendiado despertar” (P, cuerpo central: XIX) o “somos el humo de los jardines destruidos… somos el viajero que despierta al hombre/dormido en un iluminado sueño de ruinas” (P, el corazón sumergido: XV-la rebelión de los ángeles). La vida misma es un despertar de otro mundo más perfecto y el mito de Orfeo es una forma de recobrar eso que se escurre. El ser del hombre se puede fijar unos momentos bajo la respiración del mito.
¿Y qué relación hay entre el sueño y la escritura? Pues bien, es en el tiempo del sueño, de lo inverosímil, del mito donde el corazón humano encuentra sus claves, comprende sus enigmas. Aquí es donde la escritura se justifica. Rosamel dice “La escritura del día extiende su piel de algas rumorosas/y sangra al pie de esta página muerta al despertar” (P, estación de los peces: escala de los sueños). O “Ven a sus espacio de escritura en la sombra que dejas… como al despertar todo se cierra” (P, cuerpo central: XII). El despertar del sueño trae aparejado la muerte de la visión y el nacimiento a la escritura. Nada más irreal que la existencia dijo el año 1935 en la antología y parece decir también nada más irreal que la escritura.
Pues a decir de Rosamel del Valle el sueño y el mito son fundantes del lenguaje poético, verdaderas sustancias sin la cual no es posible el canto, la videncia ni la creación. Incluso de la lectura de su obra parece ser que estos materiales son la base misma de la existencia. Recuérdese que Rosamel ha dicho que “sin el ojo de lo inverosímil ni siquiera es posible una poesía ni, por otro lado, la razón de una existencia.” (PBN frag.5).

Referencias

Anguita, E. y Teitelboim, V. (2001) Antología de poesía chilena nueva, (reedición). Santiago de Chile: LOM
Del Valle, R. (2000) Obra poética (dos volúmenes). Santiago de Chile: J.C. Sáez editor
Del Valle, R. (1976) Antología. Caracas: MonteAvila editores.
Urrutia, M.E (2000) Rosamel del Valle: un Orfeo del Pacífico. Santiago de Chile: LOM

 

 

 

 
1

Existe un poemario anterior a “Mirador”, que es “Los poemas lunados” que fue repudiado por el autor y no es mencionado en la bibiografía del poeta.

 

 
 
2
De aquí en adelante identificaremos al poeta con las siglas RDV; a su poemario “Mirador” con M; a “País Blanco y Negro” con las letras PNB; a “Poesía” con P.