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Hablando de (Cèsar) Moro siempre tenemos que volver a la poesía...
Nos hace falta, hoy día, su presencia: aparecía él, y algo cambiaba alrededor;
era suficiente que estuviera para que se alterara el orden, un orden falso de
adulación y de mentira; eso lo sabemos todos aquellos que lo encontraban de vez
en cuando, acá o acullá, al azar de los meses, o de los años. Aparentemente
nada: alguien apenas más sutil, fìsicamente más sutil, más cortés, y más
determinado que cualquiera a pasar inadvertido...
Sólo viviendo la vida cada hora, se la puede subyugar y, literalmente encantar:
Moro la encantaba; y esa facultad de "encantamiento", en el sentido primitivo de
la palabra, es la que nos permitirá fijar siempre, cuáles son los poetas
auténticos poetas por que sí,.., y separarlos de los más, poetas literatos,
poetas porque escriben versos, y los publican o los declaman, y eso es todo. En
el Perú, Eguren fue poeta entre los primeros; Moro también lo fue, lejos de los
tablados, de los corrillos donde se vende y prostituye la poesía rastrera,
alicaída, cuando alirrota, o alifingida.
Sólo viviendo la vida a cada hora vale la pena vivirla, y valía la pena vivirla
al lado de él. No bien llegaba entre otra gente, se establecía, se imponía una
jerarquía, que muchos no le perdonaban, no le han perdonado. Ningún prestigio
resistía cuando entraba: prestigio del nombre, el rango, el nombre, o
simplemente prestigio del prestigio; nadie lo engañaba con los oropeles, o las
virtudes postizas del poder, de la habladuría o de la fama. Mas que nadie
sensible a las ilusiones de la belleza (pero no las hubiera llamado ilusiones),
estaba completamente insensible a las ilusiones frutradas de los noticiarios, de
la actualidad falaz, fugaz de las agencias de noticias. La actualidad donde él
vivía era otra; actualidad igualmente fugaz pero eterna, y luego verdadera,
actualidad sin tiempo en el tiempo...
De llevarse a cabo tal designio es probable que Moro hubiera demostrado las
dotes elevadas de moralista, moral de pocas reglas pero rigurosas: no permitirse
ruindad alguna, no tratar con nadie para envilecerlo, al contrario para
exaltarlo o enaltecerlo.
No encuentro adjetivo que lo califique mejor que: disconforme. Desconformidad
total, sin arrebatos ni arrepentimientos, desconformidad con lo sabido, con lo
trillado, lo establecido,...Pero es desconformidad de poeta adorador vehemente
de la vida, y no de filósofo gruñón, o amargado.
No cualquier poeta es Poeta, no cualquier hombre es Hombre, en los tres reinos
de la sangre, de la ternura y del espíritu.
Angel y demonio: Hombre.
!El lo ha sido!
André coyné. Del libro "Cèsar Moro" .Primera edición 1956.
Segunda edición 2003, Ensueño Indescifrable Editores, Lima. 56 páginas.
Corregida y aumentada.
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